Una despedida sin tristeza

No es difícil percibir por estas horas que la mayoría de la sociedad argentina siente un gran alivio con el cambio de gobierno nacional que tendrá lugar hoy. No hace falta ser un investigador avezado o un especialista en ciencias sociales para advertirlo, alcanza con caminar por la calle, entrar en algunos negocios y dialogar con la gente.
Desde luego, hay una porción de la sociedad -no mayoritaria pero sí numerosa- que no festeja, y no porque no tenga motivos desde su interés sectorial sino porque adhiere a la ideología del macrismo a pesar de haber sido golpeada por su calamitosa gestión. Esa parte de los argentinos ha decidido creer las mentiras monumentales que pergeñó Cambiemos hasta su mismo final. La reciente cadena nacional de Mauricio Macri fue un compendio de falsedades como nunca antes se escuchó de boca de un presidente en la historia de nuestro país. Sin embargo, para esta parte de los argentinos -como dice Jorge Alemán en el artículo contiguo a esta columna- el sacrificio que antes se podía hacer por la búsqueda de la verdad se ha metamorfoseado en un "masoquismo de la mentira" y en un odio hacia el otro y hacia sí mismo, lo cual constituye todo un logro del neoliberalismo. Este fenómeno le impide ver que el que hoy se despide fue el gobierno más depredador de la economía y de las conquistas sociales en el menor plazo desde el retorno de la democracia, superando en velocidad destructiva al menemo-delarruísmo que estuvo doce años en el poder.
El macrismo llegó hace cuatro años prometiendo pobreza cero, bajar la inflación, unir a los argentinos, eliminar Ganancias para los asalariados, no devaluar la moneda, no aplicar tarifazos, continuar con el fútbol para todos, construir un millón de viviendas, no volver al FMI, terminar con el narcotráfico y muchas otras más. No cumplió ni una sola de esas promesas. Ninguna. Y peor todavía, hizo todo lo contrario a lo prometido, con lo cual puede considerarse legítimamente que cometió un fraude electoral gigantesco. No manipulando el escrutinio sino utilizando un discurso manipulador con el apoyo de los grandes medios porteños.
Una porción mayoritaria de la ciudadanía -casi la mitad del electorado- decidió castigar en las urnas tanta mentira y maltrato, tanto daño provocado a trabajadores, jubilados, cuentapropistas, Pymes... La debacle en la salud y la educación públicas tampoco estuvo ajena a la hora de depositar el voto el 27 de octubre. Ese día la confianza ciudadana se inclinó mayoritariamente hacia el Frente de Todos, la coalición que nació en mayo cuando Cristina Fernández de Kirchner le ofreció a Alberto Fernández encabezar la fórmula presidencial y ella acompañarlo como vice. Esa jugada de ajedrez que sorprendió a todos, incluso a quienes presumen de ser los analistas más sagaces, posibilitó que la tercera experiencia neoliberal que azotó al país durara mucho menos que sus antecesoras y finalizara a los cuatro años de iniciada.
Los festejos masivos que se verán hoy en una Plaza de Mayo sin rejas macristas serán la manifestación más visible de la alegría popular que campea en todo el país.