Sobre personajes y sus circunstancias

Señor Director:
La muerte de Amalia Fortabat, a los 90 años, se produjo cuando su estrella había palidecido luego de casi treinta años de un protagonismo que alcanzó su culminación en la década de los '90.
Los ecos de su desaparición han tenido una diferenciada apreciación en los medios de prensa. Extremando los perfiles, diría que para algunos fue la expresión de la mejor versión del empresario, en tanto que para otros representó un estado de cosas social y económico que la tuvo como protagonista en su esplendor y el comienzo de su ocaso.
Para Forbes era de las treinta personas más ricas de occidente y la primera entre los argentinos. A la muerte de su marido, en l976, heredó la cementera Loma Negra y 155 mil hectáreas. Su marido había sido un empresario muy personalista. Ella emergió de las sombras, se puso al frente de los negocios, batalló con herederos y tradiciones y dio comienzo a una remontada que se favoreció con el régimen de dictadura, pero que siguió siendo proveedora de grandes obras con Alfonsín. Con Menem acentuó esa relación y fue distinguida como embajadora itinerante y titular del Fondo Nacional de las Artes. Con el gobierno de la Rúa mantuvo ritmo y cargos. Para entonces, ya se había convertido en propietaria de una de las colecciones de arte más importantes de la Argentina y había ensanchado el ámbito de sus actividades industriales y mercantiles. Durante el menemismo había creado un cartel con las otras empresas del cemento, con las que se distribuían las licitaciones y convenían la elevación concertada de los precios. En 2003 perdió sus cargos oficiales y comenzó un proceso de crisis. Acosada por deudas, vendió Loma Negra (y las deudas) a una empresa brasileña. En 2007 el cartel cementero fue sancionado con fuertes multas, todavía impagas porque se tramitan procesos judiciales. Amalita, como era habitual denominarla, tuvo que rematar parte de su colección de arte en 2008. Para entonces estaba muy replegada. Luego tuvo fractura de caderas y ya no se dejó ver. Por entonces, en un reportaje, sorprendió preguntándose si había errado su camino, si debió consagrarse por completo a misiones humanitarias. Fue generosa con artistas y compró la casa de la mayor de las Ocampo, para conservarla como homenaje y hacerla un centro literario. Reprodujo el modelo norteamericano de millonario que atiende el arte, la educación y obras sociales. Este modelo perdura en el norte y choca con la evidencia del crecimiento desmesurado de la desigualdad y dominio del mercado. La persona destituida como sujeto, decae en objeto.
Juzgada en su circunstancia (como creo que se debe hacer, sin perjuicio de preferir otros valores y objetivos como propuestas o proyectos) puede decirse que fue una mujer notable. Del paternalismo que ensayó su esposo emergió como expresión de la capacidad de la mujer para empresas que parecían reservadas al varón. Dentro de ese esquema, miró por los intereses a su cargo, pero supo fijarse algunos límites y asumirse como responsable, en cuanto afortunada, del frustrado "goteo" que había esperanzado a muchos liberales. La crisis que culminó en 2001 se la llevó puesta, como suele decirse. En 2003 la Argentina volvió a apostar al Estado y a la política como condición para frenar la profundización constante de la brecha de los ingresos. Aquí vivimos con algún anticipo, en 2001, la realidad que ahora está afrontando Europa occidental, donde el ultraliberalismo puede estar librando la gran batalla final para imponer la supremacía del mercado sobre su antiguo protegido, el individuo. Curiosamente, según las interpretaciones dominantes entre estudiosos, el individuo tiene chances reales cuando acepta al otro, a su prójimo, como un igual y cuando admite la consecuencia de ser el hombre un ser que se humaniza al complementarse socialmente y se impone generar caminos para restablecer la igualdad.
Atentamente:
JOTAVE