Nueva denominación de la Escuela Normal

Señor Director:
Días atrás se hizo saber que la Escuela Normal de Santa Rosa ya tiene su nuevo nombre.
Si se habla de nombre nuevo es porque hubo otro nombre. En efecto, se llamaba Julio A. Roca y a partir de la nueva resolución se llamará Clemente J. Andrada.
Con respecto a los nombres diré que, como normalista, sentí desagrado cuando le pusieron Julio A. Roca. Si bien tenía muy presente la ley de educación común, un logro del gobierno en la primera presidencia de Roca, que completó de manera muy significativa el proceso iniciado por Sarmiento con el normalismo, no vi en ello suficiente relación para hacer previsible esa denominación. Esta relación existe, en cambio, con Clemente Andrada, por haber sido el primer director de la Normal.
Mi pensamiento en cuanto a esta costumbre de dar nombre de personas a calles, lugares, pueblos e instituciones ha sido expuesto aquí más de una vez. Es una costumbre, un uso y con frecuencia un abuso. Muchas veces sirve para rendir homenaje y exaltar la memoria de personas que han sido valiosas. Otras veces, no escasas, resulta abusiva, como cuando se anticipa o pretende anticipar un juicio histórico acerca de personas o acontecimientos. Me suele causar desagrado esta costumbre. He celebrado los casos en que se ha dado nombres de aves o flores, como sucedió a mediados del siglo pasado en Santa Rosa. En ciudades viejas de Europa me ha caído grato que algunos nombres de calles recuerden que allí estaban concentrados algunos oficios o determinados quehaceres de la comunidad, como se hizo frecuente a comienzos de la modernidad.
Hay un poema de Borges, titulado el Golem, cuyos primeros versos dicen: "Si (como afirma el griego en el Cratilo) / el nombre es arquetipo de la cosa / en las letras de "rosa" está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo". Cratilo, da nombre a un diálogo platónico Es un pensador heracliteano convocado por el genio platónico para que dialogue con Hermógenes y Sócrates, a partir de lo que sostiene Cratilo, que "el que conoce los nombres conoce las cosas", o sea que el nombre es la cosa o que nombre y cosa son dos maneras de enunciar lo mismo. Hermógenes, en cambio, no cree que los nombres sean más que fruto de pacto y consenso. Sócrates encarrila el tema en varias direcciones. Hay un largo intercambio y el diálogo se cierra sin llegar a un acuerdo. Lo que parece insinuar Platón es que lo que importa es dilucidar el tema del conocimiento que podemos tener acerca de la realidad, asunto sobre el que vuelve en otros diálogos. Lo que hace nuestro Borges es asumir ficticiamente la posición de Cratilo para decir eso tan sugerente acerca de la rosa, de tanta resonancia en la literatura posterior. Los lingüistas saben que su ciencia reconoce en el Cratilo el planteo inicial de ese sector de conocimientos, aunque los conocedores del proceso del conocimiento en Grecia clásica saben que quienes influyeron para que la atención de los pensadores diera un giro fueron los sofistas en cuanto lograron que el interés se pusiera en comenzar por tratar de conocer al hombre como paso necesario y previo para avanzar en el conocimiento de la realidad.
En las letras de Escuela Normal no están Roca ni Andrada. Está el normalismo, que también expresamos con un nombre, una palabra. Y nosotros sabemos, en Santa Rosa y en el mundo, que el normalismo significó un hecho sobresaliente en la larga historia de la educación y en el no menos largo relato de la lucha de la mujer por alcanzar reconocimiento social a partir de la igualdad de derechos y de oportunidades. El normalismo dio posibilidad a la mujer y en particular a la mujer de sectores de menores recursos, que pudo mostrar sus capacidades para asumir responsabilidades. Por eso hubo quienes esperaban que si había que asociar un nombre con esa escuela resultara elegido el de alguna de las muchas docentes que ganaron el aprecio de alumnos y de comunidades con su desempeño.
Atentamente:
JOTAVE