Mujeres, entre los "liderazgos fuertes" y la prepotencia de poder

La gobernadora bonaerense María Eugenia Vidal, enfrentó hace unos días en Mar del Plata, a un pequeño grupo de guardavidas que protestaban por su fuente laboral y salarios. ¿Una muestra de "liderazgo femenino", o intento de prohibir el derecho a la protesta?
IRINA SANTESTEBAN
La semana pasada, la primera mandataria de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, al salir con su custodia de un acto de inauguración en playas de Mar del Plata, vio detenido su auto por un piquete de trabajadores, que protestaban porque ocho guardavidas habían quedado sin trabajo y se les adeudaban varios meses de sueldo.
Vidal se bajó del auto y los increpó, enojada, por la supuesta "violencia" con la que estarían actuando, en lugar de pedirle una entrevista a ella o a su equipo. Una mirada superficial habrá visto en el episodio un contrapunto entre el "diálogo" (Vidal) contra la "confrontación" (los trabajadores), la base del discurso duranbarbiano.
Pero la realidad es muy diferente, porque esos trabajadores ya habían pedido ser recibidos, sin éxito, e incluso habían llegado hasta allí esperando ser escuchados por Vidal. En lugar de eso, la gobernadora y su comitiva salieron sin atenderlos y esa actitud, más el ninguneo anterior, fue lo que provocó que el reducido grupo de manifestantes le cortara el paso.

"Valiente".
La mayoría de los medios de prensa elogiaron la actitud "valiente" de Vidal, que se bajó del auto para enfrentar a los supuestos "violentos". Pequeño detalle: junto a ella había una fuerte custodia, que superaba al número de trabajadores que estaban en el piquete.
A los conocidos elogios que suele recibir por sus modos y pose "bondadosa", ahora se le suma una nueva faceta: la de ser "firme" para evitar la confrontación de los "violentos". La verdad es que en la provincia de Buenos Aires, Vidal aplica, desde los primeros días de su asunción, el mismo rigor que utiliza el gobierno nacional, para frenar los reclamos sociales y las demandas obreras.
Así fue que en diciembre de 2015, los estatales de La Plata que reclamaban por la continuidad de sus contratos, sufrieron una durísima represión a cargo de efectivos policiales, con balas de goma incluidas.
En Mar del Plata, ciudad con uno de los más altos niveles de pobreza, la gobernadora ya ha sufrido varios repudios, como en junio del año pasado, en oportunidad de un "retiro espiritual" en Chapadmalal, cuando aprovechó para ir a "la feliz" a realizar un acto por el lanzamiento del metrobús. Hasta allí la siguió un grupo de vecinos y docentes que la repudiaron al grito de "tenemos hambre" y carteles que decían "Fuera Vidal".

"Persona no grata".
Así fue declarada por los trabajadores de la empresa láctea La Serenísima, de la planta de General Rodríguez, en la provincia de Buenos Aires.
En octubre del año pasado, cuando la gobernadora visitó esas instalaciones, la esperaban los operarios con carteles que decían "Vidal mala leche" y "Macri-Vidal vende patria". El gremio Atilra (lecheros) fue más duro aún: "En Mastellone Hermanos, huele a azufre", expresaron los dirigentes sindicales, en medio de un duro enfrentamiento con el presidente Macri, quien había declarado que el "alto costo" del convenio laboral de los lecheros, era el co-responsable del quebranto de la empresa Sancor. En esa cooperativa, el gremio tuvo que firmar un convenio con quita de conquistas, para evitar el despido de centenares de empleados.
Ese ha sido el "modus operandi" de los funcionarios de Cambiemos: acusar a los trabajadores de ser "privilegiados" o "vagos", con lo que se crea opinión pública propicia para promover rebajas salariales, despidos o quitas de derechos laborales. Y luego, cuando los perjudicados protestan, se quejan por la supuesta "violencia" de los que reclaman.

Contra los docentes.
El año que recién termina, marcó un duro enfrentamiento de Vidal con los docentes bonaerenses, porque fueron el sector que primero cuestionó el intento oficial de aplicarles un aumento salarial del 1 17 por ciento, tal la previsión de la inflación que tenía el gobierno de Cambiemos. El gremio conducido por "Roby" Baradel encabezó un conflicto que tuvo picos duros de confrontación, hasta que finalmente Vidal se vio obligada a modificar y aumentar la pauta salarial ofrecida.
En el medio, la promotora del "diálogo" para la resolución de los conflictos, visitó todos los canales de televisión denigrando la labor de los y las docentes, tal como lo hace el presidente Mauricio Macri, para quien los empleados públicos son todos "ñoquis".
Obviamente, esos discursos, lejos de promover la concordia y cerrar la grieta, provocan mayor confrontación y división incluso al interior de los propios sectores involucrados.

"...pero con el mazo dando".
En un año electoral, y pese al enfrentamiento con los docentes, Vidal intentó seguir al pie de la letra las orientaciones de Durán Barba: sonreír y hablar en tono amigable, fortaleciendo su imagen de mujer buena, siempre en actitud dialoguista.
Pasadas las elecciones, para muchos argentinos fue una dolorosa experiencia comprobar que las promesas de campaña fueron olvidadas, en particular la que tanto habían afirmado, de "no perjudicar" a los jubilados.
La feroz represión de la Gendarmería y Policías Federal y Metropolitana, los días 14 y 18 de diciembre, que incluyó golpes, gases, balas de goma, detenidos, etcétera; que no perdonó a diputados nacionales, transeúntes y hasta ancianos, dan cuenta que el gobierno que encabezan Macri y Vidal, como el refrán "A Dios rogando pero con el mazo dando", invoca el diálogo pero si no pueden lograr que se aprueben sus políticas, recurren al "palito de abollar ideologías" (Mafalda dixit).

¿Nervios o actuación?
Hay quienes piensan que la reacción de Vidal frente a los guardavidas en Mar del Plata fue producto del nerviosismo o la impotencia que demuestran los dirigentes de Cambiemos cuando tienen que dar la cara para responder a los reclamos que provocan sus políticas de ajuste. Otros estiman que fue una "puesta en escena" para dar la imagen de mujer fuerte y valiente, que puede increpar a airados manifestantes apelando al diálogo. "Esta no es la forma de reclamar", les dijo. Sin embargo, los manifestantes hacía ya tiempo que pedían ser recibidos, y no se los escuchaba. Rodeada de custodios, y con periodistas que filmaron la escena, pedirles "buenas maneras" a trabajadores que se encuentran sin trabajo y con salarios atrasados, más que firmeza, demuestra cinismo.

"Mujer fuerte".
Ésa es la imagen que quiso dar Vidal, junto a la que ya tiene, y muy bien promocionada, de "bondadosa y dialoguista". Sin embargo, residir en una base militar y moverse siempre acompañada de una fuerte custodia, que incluye gendarmes, no parece ser un mensaje muy "pacífico" que digamos.
En realidad, la verdadera intención fue deslegitimar una protesta justa, tal como viene haciendo Cambiemos en todos los conflictos sociales y laborales que se incrementan día a día.
Lo que se elogia en Vidal como "valentía", en otras mujeres se califica muy diferente. La ex presidenta Cristina Fernández, en una situación similar, habría sido criticada por "soberbia" o "autoritaria". Ni qué hablar de Milagro Sala, quien hoy está pagando muy caro -casi dos años de prisión sin condena- por haberse enfrentado a personajes poderosos, como el actual gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, y no con un grupo de trabajadores que reclaman por sus derechos.
Es que las actitudes de los dirigentes políticos, sociales y sindicales no pueden ser analizadas sin tomar en cuenta el contexto en el que se producen, y sobre todo, a qué intereses están atacando cuando actúan con "firmeza".
No es lo mismo un gobernante que se enfrenta a trabajadores que reclaman por sus derechos, a quienes quiere mostrarse como "patoteros"; que aquellos dirigentes que confrontan con los poderes concentrados, defendiendo a los sectores más vulnerables. Ésa es la gran diferencia.

"Líder femenina".
La dirigente de Nuevo Encuentro, Gabriela Cerrutti, en un comentario en su Twitter, elogió a la gobernadora por demostrar ser una "líder femenina", al actuar con firmeza con los trabajadores, sin reprimirlos. Si bien marcó diferencias con el proyecto que defiende Vidal ("quiero otra provincia y otro país", escribió), defendió su postura de "mujer fuerte".
Tremenda confusión de la periodista que escribió la biografía de Mauricio Macri en su libro "El Pibe", pero que hoy demuestra que carece de un análisis correcto sobre la relación entre las luchas sociales y la reivindicación de los derechos de las mujeres, en particular en la política. Elogiar la actitud de Vidal sólo porque es mujer, con independencia de qué intereses defiende, demuestra que Cerrutti no comprende que la lucha de las mujeres por la igualdad de derechos (el feminismo) no se encuentra aislada de un proyecto político liberador.
Si se quiere "otro país" diferente al que defiende Vidal, es imposible reivindicar su actitud de enfrentar -protegida por custodios- a trabajadores, que estaban peleando por trabajo y salario, porque en tal caso, no está elogiando a una mujer que defiende sus derechos, sino a la gobernadora responsable de las políticas de ajuste que provocan que un grupo de trabajadores recurra al piquete, para que su reclamo sea escuchado.