El mundo del revés: Nobel de la Paz para la Unión Europea

EMILIO MARIN
El 12 de octubre, de por sí fecha polémica para Nuestra América, tuvo una yapa negativa. El Comité Nobel anunció que había concedido la distinción de la Paz 2012 a la Unión Europea.
El próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel, los premios que llevan su nombre tendrán una nueva mácula, pues la referida a la paz será entregada a la Unión Europea. Esto no desmerece definitivamente el premio, porque a veces fue concedido a personas o entidades que lo merecían, con decisiones favorables a los derechos humanos. Tal el caso de Adolfo Pérez Esquivel en 1980, después de haber casi engrosado la lista de desaparecidos en la dictadura militar-cívica (el avión que lo iba a tirar al mar recibió una contraorden y regresó a base).
Pero en los últimos años el Comité noruego viene premiando con el sistema 3x1: tres reaccionarios por uno progresista. Antiguamente distinguió a dos líderes israelitas cual palomas de la paz con los palestinos, cuando lo negociado en Oslo y firmado en Washington en 1993 fue negado con bombardeos en Gaza y otros lugares. En 1994 Yasser Arafat tuvo que compartir la distinción con Yitzak Rabin y Shimon Peres, con el sistema 2x1, de un estado sionista acusado de envenenarlo y llevarlo a la muerte tras el prolongado sitio en sus oficinas de la ANP en Ramallah.

Los dos demonios.
En los últimos años se profundizó esa extraña forma de premiar a los que merecerían condenas o por lo menos una crítica. En 2009 se premió a Barack Obama, que tenía nueve meses no precisamente humanitarios. Las guerras contra Irak y Afganistán habían continuado con las características invasivas de un George W. Bush que, afortunadamente, no recibió la estatuilla pero puede haber estado cerca.
El año pasado fueron distinguidas tres mujeres. Una fue la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, acusada de cómplice de crímenes de lesa humanidad cometidos años atrás por un dictador de ese país africano. La autora de tan grave acusación fue Leymah Gbowee, que también recibió el premio con Sirleaf y la activista yemení Tawakkul Karman.
En 2010 había sido el momento de interferencia en los asuntos internos de China y por eso coronaron a Liu Xiaobo, un acérrimo opositor al socialismo.
El Comité aplica una versión nórdica de "los dos demonios", presentando como igualmente bondadosos a quienes no son iguales. Al caso de Arafat y los dos líderes de Israel se puede añadir la premiación a Nelson Mandela, en 1993, junto con el sudafricano Frederik de Klerk que, perdido por perdido, negoció con el legendario líder encarcelado de por vida. De Klerk siguió siendo un racista y Mandela un libertario, pero en Oslo los igualaron, como en 1973 al genocida Henry Kissinger con el patriota vietnamita Le Duc Tho.

Patas arriba.
Capaz que Eduardo Galeano pensaba en esas contradicciones nórdicas cuando escribió su libro "Patas Arriba, la escuela del mundo al revés": "Los países que más armas venden al mundo son los mismos que tienen a su cargo la paz mundial". Cabría agregar: y encima reciben el premio a la paz.
Ese mundo patas para arriba se confirmo el viernes 12/10, cuando las agencias noticiosas difundieron la información llegada desde Oslo. El presidente del Comité Nobel, Thorbjoern Jagland, había anunciado que el premiado sería la Unión Europea, una entente de 27 socios (17 en la zona del euro) liderada de hecho por Alemania.
"Durante un periodo de 70 años, Alemania y Francia se enfrentaron en tres guerras (1870, 1914-18 y 1939-45). Hoy en día, una guerra entre Alemania y Francia es impensable", dijo Jagland. "Esto nos demuestra cómo, a través de un esfuerzo bien encaminado y de la construcción de la confianza mutua, enemigos históricos pueden convertirse en socios cercanos", agregó.
La novedad puso eufóricos a las autoridades. "Es un gran honor para toda la Unión Europea, para sus 500 millones de ciudadanos", tuiteó el titular de la Comisión Europea, órgano ejecutivo, el portugués bien corrido a la derecha, José Manuel Durao Barroso.El presidente de la UE, el belga Herman Van Rompuy, también desde su cuenta de Twitter, se autofelicitó de que "los europeos consiguieron superar guerras y divisiones para formar juntos un continente de paz y prosperidad".

¿Cuál prosperidad?
Rompuy fue más allá de la justificación de Jagland, quien sólo había encomiado la falta de guerras entre Alemania y Francia, pero admitido que "actualmente la UE sufre graves dificultades económicas y problemas sociales considerables". Vanagloriarse por una "prosperidad" inexistente no debe cargarse a la cuenta de Oslo sino solamente de Bruselas, donde tienen sus sedes los organismos presididos por Van Rompuy y Durao Barroso.
El mundo real muestra que en la galardonada hay 25 millones de desocupados y 17.4 millones sólo en el área del euro. En este universo de damnificados la decisión de Oslo ha caído como una descarga eléctrica de esas que paralizan el corazón. O mejor, como una provocación de esas que mueven a los indignados a redoblar su crítica al ajuste neoliberal.
"En países como Grecia y España la desocupación juvenil supera el 50 por ciento", recuerda Bernardo Kliksberg en Página/12 ("Crónica de una muerte anunciada", 3/10). Citando a The Economist (22/9), dice que en Portugal un millón de personas salió a la calle a protestar contra la troika del ajuste (FMI, Comisión Europea y Banco Europeo). "Queremos nuestras vidas", decían. Pero en vez de castigar a Durao Barroso, portugués, le darán el Nobel.
El mundo del revés de nuevo: Noruega premia a la UE pero no es parte de la misma. ¿No es tan buena?

¿Cuál paz?
Los que premiaron a la UE dicen que hoy no hay asomo de guerras entre Alemania y Francia, y que antes hubo tres. Es cierto, aunque nadie podría asegurar que la actual crisis capitalista no degenere en el futuro hacia una guerra interimperialista, cualquiera sean sus eventuales contrincantes. Ya hubo dos guerras mundiales: ¿quién puede certificar que nunca habrá una tercera, más allá de sus formas? ¿Quién asegura que algún país europeo no se agarrará a tiros con Alemania, la que lucra con la actual crisis?
El argumento de Jagland es sofista. Con ese criterio deberían premiar al decadente rey Juan Carlos porque hoy España no asesina a millones de pueblos originarios en las minas de Potosí. O distinguir a Estados Unidos porque ya no hay allí guerras fratricidas entre el Norte y el Sur. O darle el premio a Benedicto XVI porque Roma ya no mantiene la vieja Inquisición y no refuta que la Tierra es redonda y se mueve en torno al Sol.
La Unión Europea es una creación política poco pacifista. En 1996, con la "Plataforma Común", como recordó Atilio Borón, apoyó el bloqueo norteamericano contra Cuba, como un eco de la ley Helms-Burton.
El cronista recuerda que en 1999 los países de la Unión, a través de la OTAN, fueron los agresores de Yugoslavia, a la que bombardearon, devastaron y desintegraron con la excusa "humanitaria" de Kosovo. Operaron como socios activos de EEUU dirigidos por Bill Clinton, uno de los que aspiraba al Nobel 2012 (quizás deba esperar sólo un par de años para tenerlo él o su esposa).
La UE intervino en las guerras de Bush contra Irak y Afganistán, continuadas por Obama, el Nobel. Y en esos lugares se exterminó a centenares de miles de personas, en su mayoría de la población civil.

Usurpación.
Dos días antes de conocerse la premiación, el 9 y 10 de octubre pasado, la OTAN realizó una cumbre en Bruselas para analizar su campaña en Afganistán. Fue presidida por su secretario general, el danés Anders Fogh Rasmussen, otro de los extasiados por el anuncio del Nobel.
En la reunión se reafirmaron los planes para que el Pentágono y la OTAN ganen esa batalla mediante la ISAF (Fuerza Internacional de Seguridad y Asistencia en Afganistán), de 180.000 soldados. Los bombardeos de la OTAN contra aldeas afganas causan muchos muertos y "daños colaterales" que también se popularizaron en Irak. Incluso en Pakistán hay muchas víctimas por los misiles disparados por los drones, no tripulados.
La ISAF está conformada por 50 países, entre ellos toda la Unión. Su jefe es el general estadounidense John Dulles, que por sus "méritos" pasará en los próximos meses a ser el comandante en jefe de la OTAN con base en Mons, Bélgica. Reemplazará allí al almirante James Stavridis, quien en 2007 era el mandamás del Comando Sur con base en La Florida. Como se ve, nada se pierde, todo se transforma en el generalato norteamericano, de la mano de sus aliados europeos, tan beatos que han sido coronados con el Nobel.
Esa Unión Europea, vale la pena refrescarlo, es la que avala la usurpación británica de las islas Malvinas. El Tratado de Lisboa, del 13 de diciembre de 2007, firmado por los socios del bloque, registró en un anexo a las Malvinas como pertenecientes al Reino Unido. No hay que dar lugar a malas ideas, a ver si el Comité noruego premia el año próximo a Isabel II con el argumento de que Londres no entró en guerra con Berlín en los últimos 68 años y que mantuvo "la paz" con Buenos Aires desde 1982.
El consuelo es que, con el sistema 3x1, en 2013 le tocaría a uno de los buenos.