El "modelo" viene bien en lo político pero crea dudas en lo económico

Tras su victoria aplastante en las internas, ni sus más enconados adversarios ponen en duda el triunfo de Cristina en octubre. En cambio su discurso económico tiene un marcado sesgo empresario. Esto crea dudas.
EMILIO MARÍN
El recuento oficial le añadió casi 400.000 votos más a los contados el 14 de agosto. Hasta los dueños de la empresa Poliarquía, de sondeos de opinión, que trabaja para "La Nación", pronostican que el 23 de octubre la presidenta podría sumar algún punto de más.
Uno de los mayores anticipos de ese desemboque electoral lo dan los grandes empresarios, industriales y rurales, productivos y financieros, de exportación e importación, nacionales y extranjeros, que se han acercado al gobierno como si fueran kirchneristas de la primera hora. El mundo de los negocios es uno de los más sensibles para saber dónde está el poder y la posibilidad de ganar buen dinero arriesgando lo mínimo. Y no necesitó ningún GPS para orientarse por el camino más corto hacia Olivos y Casa de Gobierno, para estar cerca de donde se toman las decisiones ahora y por los próximos cuatro años.
Esa sintonía fina se expresa también en los discursos de la jefa de Estado y de esos poderosos empresarios, que antes tenían chisporroteos y ahora vibran en la misma nota. Quizás más adelante vuelvan a desafinar, pero ahora cantan de memoria.
El jalón fue el mensaje de Cristina Fernández en el Día de la Industria, cuando agasajó a 2.000 empresarios bajo tutela de la monopolista Unión Industrial. Su acople con Ignacio de Mendiguren no tuvo fallas. La presidenta dijo que por primera vez no debía rectificar nada de lo que los empresarios decían antes que ella encarara los micrófonos.
La dulce reconciliación siguió con la Cámara Argentina de Comercio, la más liberal de todas las entidades del G.6. Otra vez sonrisas, aplausos y consentimiento con Carlos de la Vega, uno de los más fieles sostenedores del ciclo menemo-cavallista. La CAC es la socia del Consejo de las Américas, lobby dirigido por el Citibank y el grupo Rockefeller.
El tercer podio al que subieron estos intereses fue, nuevamente en Tecnópolis, al lanzarse el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial. (PEA) La mandataria puntualizó las metas a alcanzar en esos rubros para el 2020, con una cosecha de granos de 160 millones de toneladas y un aporte de estos sectores de 100.000 millones de dólares en exportaciones.
Allí no estaban todos los que eran. Faltó la representación oficial de la Mesa de Enlace rural, aunque sí estuvo la Federación Agraria Argentina y su AFA, que no cuenta goles sino centenares de miles de toneladas de granos exportados.
También dijeron presente las multinacionales semilleras, de fertilizantes y exportación, celebrando esa expansión de la producción y de la superficie sembrada, incluso para la soja. Como esto supondrá más desmontes, sojización y negocios de Monsanto y Cargill, estos anuncios fueron recibidos con cierta preocupación en las filas de los pueblos originarios y el Movimiento Campesino, sin protagonismo en Tecnópolis. La cuarta cita fue en la Fundación Mediterránea, orientada por décadas por Domingo Cavallo, que recibió a la ministra Débora Giorgi. Dan ganas de decir: estamos bien, pero vamos mal.

Vamos mal.

Se dirá que el PEA fue trabajado en equipo por el gobierno pero asistido por técnicos de 53 universidades (muchas de ellas, públicas), del INTA y dependencias nacionales y provinciales. El copyright, en tal sentido, es de Cristina que comenzó con el borrador hace un año.
Eso es cierto. Tanto como que las entidades empresariales también colaron parte de sus técnicos y de la letra del plan, para que redunde en buena medida a favor de sus intereses.
Una mayor producción y venta de cosechas empinadas dará al Estado un ingreso más importante que el actual. Y la creación de más empleo, la llamada "industrialización de la ruralidad", tendrá un efecto positivo para muchas familias de argentinos que todavía siguen como convidados de piedra de la bonanza (más de 8 por ciento de la población bajo línea de pobreza, según las discutibles estadísticas del INDEC).
Esos aspectos favorables del plan agroalimentario deben ser consignados. Pero tampoco se puede negar que a falta de cambios en la estructura social y de la propiedad, serán los dos colosos norteamericanos citados, más Bunge, ADM, Dreyfus, Aceitera General Deheza, Molinos, Don Mario, Syngenta, Ledesma, Swift, frigoríficos ABC, Fiat, etc, los que se queden con la parte del león de ese crecimiento.
Por algo Roberto Urquía (ex senador kirchnerista que en 2008 se hizo panqueque, dueño de AGD), Cristiano Rattazzi (Fiat), Hugo Krajnc (presidente de Cargill), Gastón Fernández Palma (titular de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa-Aapresid) y una larga lista de empresarios estuviera en primera fila ovacionando las metas del PEA.
Allí no había ningún "infiltrado" de la comunidad Qom de Formosa, ni del MOCASE de Santiago del Estero, ni de los marchantes del Frente Nacional Campesino. Ellos serán, con suerte, el último orejón del tarro de ese compendio de una mayor producción de cereales, carne y maquinaria agrícola.
Desde el punto de vista conceptual, hasta "Gaceta Ganadera" coincidió con las metas propuestas. Estuvo de acuerdo con esta versión remixada de "Argentina Potencia" que lanzó el general Perón en 1974. Su crítica, en todo caso, se refirió a la instrumentación de aquéllas, pues considera poco explicitado el camino que recorrerá el gobierno para llevarlas a cabo.
Este giro político del cristinismo se plasma en frases memorables. La primera fue: "no conozco intereses más coincidentes que los de los trabajadores y empresarios" (CFK dixit en el Día de la Industria). La segunda corrió por cuenta de Héctor Timerman en China: "Argentina se encuentra entre los diez países con menores restricciones a la inversión extranjera en el mundo, y el primero en América Latina, con casi 2000 empresas extranjeras". Giorgi lo remató en la cena de la Fundación Mediterránea: "Argentina es una economía abierta. Más abierta que en la década del '90". Los anfitriones Roggio, Amengual, Pagani, Astori y Urquía, felices por esos piropos K en el Sheraton de Córdoba.
El balance del gobierno sigue siendo positivo, pero imposible no advertir estos nubarrones de su arrime con lo peor del empresariado. No son ningunas Pymes sino los peores monopolios.

Lo bueno.

No vaya a creerse que la presidenta ha perdido sensibilidad social y política. Si aquellas definiciones suyas pueden dar lugar a la crítica, tampoco pueden mezquinarse elogios por otros aspectos de su gestión.
Salvo los cavernícolas más duros de la oposición política y empresaria, el país recibió muy bien el anuncio de aumento en el monto de la Asignación Universal por Hijo y en las asignaciones familiares, que ahora llegarán a un segmento mayor de los asalariados. Los que perciben un sueldo de hasta 5.200 pesos también podrán cobrarlas, aunque en un monto menor a quienes cobran salarios inferiores a esa cifra.
La opinión abrumadoramente mayoritaria en la sociedad está en línea con la AUH. El senador Ernesto Sanz ya no insiste con su idea tan a contramano de la realidad, de que el dinero de esa asignación se iba "por la canaleta del juego y la droga". Claudio Lozano se llamó a silencio luego de denunciar que la asignación sólo llegaba a un millón de niños: quedó demostrado que la cifra correcta es la de 3.5 millones. Para un economista, fallar por semejante diferencia es un bochorno.
Si muchos de esos políticos de la oposición están digiriendo la derrota de agosto y la venidera de octubre, hay uno que parece dispuesto a hacerse el harakiri. Eduardo Duhalde está empecinado en seguir la muerte política de sus antecesores Fernando de la Rúa y Carlos Menem, al insistir con sus denuncias de un supuesto y gigantesco fraude informático en las Primarias.
Su primera andanada apuntó contra el gobierno nacional pero y su operador Eduardo Amadeo sólo pudo llevar ante la justicia los casos de seis mesas con presuntas irregularidades. Y ahora, fugando hacia delante, el fracasado presidenciable del Frente Popular se la tomó con la empresa española Indra, responsable informática de la elección. ¿Quién sigue en la delirante lista de denunciados por Duhalde? ¿Será 678? ¿O habrá sido la culpa de Hebe de Bonafini? ¿Por qué no de Román Riquelme? ¿Y si el fraude lo cometió el Indio Solari? Chiche Duhalde dice que la maniobra se hizo en Tecnópolis, pero el Momo Venegas sospecha de la oveja clonada.
Semejante desorden mental campea en el duhaldismo pero se extiende a otras tribus de la oposición. Y no se salva del ridículo el periodismo supuestamente más pensante de esa vereda de enfrente al gobierno. Joaquín Morales Solá escribió el miércoles en la tribuna de doctrina rural: "El riesgo que corre (Cristina) es el de ampliar y profundizar aún más la soledad política que habita".
¿Soledad política con más de 10 millones de votos y el 50,24 por ciento? Este amigo del general Bussi, ¿escribe desde el llano o desde una gran depresión?
Están tan alienados que podrían proponer al prófugo camarista Otilio Romano, acusado en causas de violaciones de DD HH, como vocal de la Corte Suprema en reemplazo de Eugenio Zaffaroni.