El Indec M también está bajo sospecha

La gestión de Jorge Todesca al frente del organismo responsable de las estadísticas oficiales aplicó
numerosos cambios que afectan la estabilidad y a pesar de esto el resultado obtenido es muy poco satisfactorio en términos de representatividad.
DEBORA ASCENCIO*
La gestión de Jorge Todesca al frente del Indec puso especial hincapié en la medición del Indice de Precios al Consumidor (IPC), sobre la base de dos elementos centrales: la inexistencia de una serie uniforme que permita la comparación con el período previo y la subestimación del peso de los servicios sobre la canasta de consumo que se utiliza para calcular el índice. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), analiza los numerosos cambios que afectan la estabilidad y representatividad del índice de precios.

Discontinuidades.
Durante los últimos 10 años hubo cinco cambios de metodología en el Indice de Precios al Consumidor (IPC), de los cuales tres se realizaron bajo los primeros dos años en la gestión de Jorge Todesca, mientras que en 2019 se prevé un nuevo cambio. Esta implementación repetida de cambios metodológicos en poco tiempo, genera discontinuidad en la serie, poniendo a disposición información incomparable entre sí. En 2007, se comienza a publicar un índice de precios basado en la Encuesta de Gastos de los Hogares (ENGHo) de 2004-2005 en base a la cual comienzan las críticas sobre la veracidad de los datos de inflación. En 2014, se publica un nuevo IPC (IPC Nacional Urbano o IPC UN) basado en la ENGHo 2012-2013 (la última vigente hasta hoy). En un primer momento, este nuevo índice fue reivindicado tanto por el oficialismo como por la oposición, por la coincidencia con los niveles inflacionarios manifestados desde la opinión pública. Sin embargo, al poco tiempo retomaron las críticas. En diciembre de 2015, la nueva administración del Indec decretó la "emergencia estadísitica" y dejó de publicar el IPC-NU. Los índices oficiales pasaron a ser el IPC-CABA y el IPC-San Luis, a pesar de los escasamente representativos que resultan ambos en términos de los precios del conjunto del país. En abril de 2016 se publicó el nuevo IPC. A pesar de que la crítica a las mediciones anteriores no se centraba en la canasta de consumo, se descarta la utilización de la ENGHo 2012-2013 para volver a utilizar la de 2005, con una estructura de consumo totalmente desactualizada, con más de 10 años de antigüedad. Si bien actualmente la ENGHo 2017-2018 está siendo elaborada, aún no está puesta en práctica, con lo cual es desfasaje en los hábitos de consumo se mantiene.

Tarifas subestimadas.
Este dato resulta particularmente relevante a la luz de una de las medidas más cuestionadas de la gestión Cambiemos: el aumento en los precios de las tarifas de servicios públicos. En las estructura de gastos de 2005, el gas y electricidad tenía un peso mucho menor al actual y el impacto del aumento de precios en las tarifas sobre el IPC resultó relativamente escaso (sólo el 8% del gasto está destinado a vivienda y tarifas). En 2005, la cercanía de la crisis económica implicaba un consumo deprimido en los hogares que no da cuenta de la gran cantidad de electrodomésticos intensivos en consumo de energía incorporados durante la última década, de la mano de una política de profunda distribución del ingreso. Así, en el marco de la mencionada "emergencia estadística", el Indec omite los saltos de precios más importantes del macrismo: la devaluación y quita de retenciones a las exportaciones de principios de 2016 (que generaron importantes subas en los precios de los alimentos) y los tarifazos de luz, gas, agua y transporte.

Poco representativa.
En este sentido, el informe de CEPA afirma que los ponderadores utilizados para la medición del IPC no son representativos. Un cambio tan radical en materia de subsidios a los servicios públicos, sumado a la brusca devaluación y quita de retenciones vuelve poco representativa cualquier encuesta de gastos previa. El cuadro a continuación muestra el mecanismo por el cual los ponderadores (y no solo la medición de precios en sí) resultan claves para medir la inflación de los consumidores.
Por ejemplo, si en lugar de una incidencia del gasto en alimentos y bebidas del 26,7%, ésta fuera del 30%, si la incidencia en Vivienda y Servicios Básicos (alquiler, gas, luz y agua) de 10,5%, alcanzara el 15%, y si se redujera el gasto en Recreación y Cultura y en Restaurante y Hoteles, que hoy es del 18,3%, al 10,4%, la inflación de 2017 en lugar de ascender a 25% para Gran Buenos Aires arrojaría 26,5%.
En este sentido, si bien existe una tensión entre la estabilidad y la representatividad de un índice de precios, la administración de Todesca aplicó numerosos cambios que afectan la estabilidad y a pesar de esto el resultado obtenido es muy poco satisfactorio en términos de representatividad.

*CEPA. Nuestras Voces.