El gobierno de Macri, un endeudador serial, aunque lo niegue

Mauricio Macri viene batiendo récord en endeudamiento público. Como los ingresos del Estado están cayendo, lo mismo que el comercio exterior, esa deuda puede ser impagable, sobre todo si aumentan tasas de interés de la Reserva Federal.
EMILIO MARÍN
Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner se ufanaron de superávit gemelos: fiscal y de la balanza comercial. En esas dos asignaturas Mauricio Macri tiene dos aplazos grandes como una casa, o una torre Trump.
El modelo kirchnerista al final empezó a adolecer de déficit fiscal, pero no perdió el superávit comercial. Y si ese Estado gastaba más de lo que le ingresaba, tenía al menos parte de una explicación: había aumentado el gasto social, por ejemplo en jubilaciones y pensiones (llevando la población cubierta al 97 por ciento), programas sociales, presupuestos de educación, etc.
La administración Macri viene recortando esos programas. En el Presupuesto 2018, sobre 20 ministerios en 14 hay menores partidas que el año anterior, descontando la inflación. Hablando de inflación, un problema que el presidente proclamó como de fácil resolución, sigue siendo un drama y cerró el año en un 24,7 por ciento, más de 7 puntos por encima de las previsiones oficiales.
Y ese fallo se repetirá, al punto que el Presupuesto presentado en septiembre del año pasado estipulaba una inflación del 10 por ciento para 2018. En conferencia de prensa del jefe de Gabinete y otros ministros, más el titular del dependiente BCRA, ellos fijaron una nueva marca del 15 por ciento, que también será desbordada.
Las cuentas macristas en cuanto al déficit fiscal están escritas en color rojo, de resultado negativo. Y son muy altas, superiores a las del momento declinante del gobierno de Cristina porque rondan el 10 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), si se tiene en cuenta el rojo del Estado nacional y el cuasi fiscal del BCRA.
En 2015, a CFK las cifras más negativas le dieron el 4 y hasta el 6 por ciento contando lo del Banco Central, lo que demuestra la falsedad de la "pesada herencia", también en este punto.

Tres razones.
Una causa de ese déficit es que el Estado administrado por el PRO-Cambiemos dejó de percibir ingresos genuinos. Una parte la declinó por fidelidad a la clase oligárquica y monopolista a la que representa, anulando las retenciones que pagaban las exportaciones de todos los cereales y oleaginosas, excepto en la soja que las bajó en forma sustancial.
Esa política fue muy amigable con "el campo" patronal y motivó las ovaciones de las tribunas de la Sociedad Rural, de fervor partidario en las gestiones de Luciano Miguens, Hugo Biolcati y Luis M. Etchevere. Esos varios miles de millones de pesos que faltaron al fisco, fueron parte del problema fiscal. La quita de retenciones abarcó también a la minería y parte de las exportaciones industriales, para algarabía de Barrick Gold y Techint, respectivamente. La caja del Estado, declinó.
La otra razón de esas cuentas estatales deficitarias le corresponde a la etapa neoliberal por antonomasia: el comercio exterior tuvo por primera vez en años un resultado negativo.
El 2017 cerró con un déficit externo superior a los 5.000 millones de dólares, por importaciones que superaron a las exportaciones. En lenguaje vulgar, Argentina compró afuera más de lo que vendió al mundo.
En ese factor tuvo muchísimo que ver la apertura indiscriminada de las importaciones que promovió el gobierno asumido en diciembre de 2015. Uno sensato hubiera alentado la compra afuera de insumos y productos intermedios que sirvieran para fabricar productos de mayor valor agregado para la exportación. El macrismo se abrió a todo lo importado, pese a las advertencias y amargas quejas de productores nacionales pequeños, medianos y aún algunos grandes.
Así pagó el diablo Donald Trump, que penalizó al biodiesel de Argentina con un arancel de hasta el 72 por ciento. La cámara patronal de Arbio solicitó se haga la pertinente denuncia ante la Organización Mundial de Comercio.
No se han escuchado muchas denuncias de las cámaras patronales afectadas por esa apertura indiscriminada a las importaciones, excepto las Pymes y ramas como calzado y otras. Por ahora es más fuerte el aplauso cómplice de Cargill y las cereales, Techint y los popes de la industria, Aceitera General Deheza y las aceiteras, Volkswagen y las automotrices, Arcor y las alimenticias, etc, que siguieron haciendo grandes negocios con ventas al exterior. Esos grupos fueron favorecidos con reintegros y subsidios, pero también con las devaluaciones: al final del gobierno de CFK la moneda norteamericana valía 9 pesos y hoy superó los 19. Los exportadores y los bancos tienen esos dólares bien apreciados.

Pagar más deuda.
La tercera causa de los números deficitarios del Estado, primordial, es que cada año abona más millones de dólares por una deuda externa pública abultada.
En los dos años de macrismo se endeudó al país en 121.588 millones de dólares, contrariando la tendencia de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner que habían procurado un desendeudamiento. Esa tendencia no quiere decir que no hubiera deudas o que no las estuviera pagando, como podía entenderse de alguna propaganda K. Esto merece puntualizarse: en 2006 Kirchner abonó 10.000 millones de dólares al FMI y siguió habiendo deuda externa, pero no con ese organismo nefasto. CFK no pagó a "los fondos buitres", en una patriótica actitud, pero sí cifras millonarias a Repsol y a multis litigantes ante el tribunal arbitral del Banco Mundial, Ciadi.
En el peor momento del cristinismo, la deuda externa suponía el 48 por ciento del PBI y tendía a declinar. Hoy el macrismo ha llevado la deuda total a más de 317.000 millones de dólares, casi el 56 por ciento del producto.
Y no se trata de cifras. Al aumentar el endeudamiento el Estado debe destinar más divisas para afrontar esos vencimientos. En el presupuesto 2018 creció la partida destinada a pagar deuda, que supera el 10 por ciento del gasto total y supone 13.000 millones de dólares. Así se alimenta el déficit fiscal.

Doblemente negativo.
No se crea que el gobierno sofrenó esa conducta de endeudador serial. Por el contrario, despidió 2017 y comenzó el actual con más deuda. El 10 de enero el ministro de Finanzas, Luis Caputo, colocó letras del Tesoro, Letes, por mil millones de dólares.
La colocación de títulos por 2.750 millones de dólares a cien años, en junio de 2017, mereció un "título" de especialistas mundiales como "la mayor tontería" del año. Más que tontería fue una señal más de buena voluntad hacia bancos a cargo de la operación y de los compradores de esos bonos, que ganarán dinero por un siglo. En 13 años el gobierno pagará el capital y en los restantes 87 los intereses, 200 millones de dólares al año y con una tasa de interés del 7,9 por ciento. Los organizadores de esta fiesta fueron el HSBC, Citigroup, Santander y Nomura, favorecidos por Caputo, un ex JP Morgan y Deustche Bank.
Ese bono a cien años fue emitido el día antes que se conociera una pésima noticia para el gobierno de MM. El Morgan Stanley dictaminó que Argentina iba a permanecer un año más en la categoría de "fronterizo" en vez de "emergente". Aquella banca la dejó junto a Croacia, Lituania, Nigeria, Kenia, Kuwait y Bangladesh, lo que debe ser horrible para quien pidió su ingreso a la OCDE, aún no concedido.
Ese endeudamiento es doblemente criminal. Complica mucho las cuentas públicas. Y porque no es para obras de infraestructura y desarrollo independiente. Los dólares ingresados van a la timba financiera, compra de Lebacs u otras operaciones de corto plazo para luego volver al dólar y salir. Según la Universidad Metropolitana del Trabajo (UMET), el 84 por ciento del ingreso de divisas sirvió para la fuga de divisas. El BCRA admitió que entre enero y septiembre de 2017, ese éxodo fue de 15.626 millones de dólares.

Lo dicen Clarín y Lanata.
El endeudamiento es atroz. En noviembre pasado la calificadora de riesgo Standard and Poor's colocaba a la Argentina en zona de peligro, junto a Turquía, Pakistán, Egipto y Qatar, según informó Tomás Lukin, en Página/12.
Para quienes duden de la gravedad del asunto y de las fuentes citadas, va una referencia de signo muy distinto. Jorge Lanata, publicó en Clarín el 20/05/17, su columna "No nos sigan prestando, por favor". Decía que Argentina sigue gastando más de lo que gana. Y luego citaba a Ismael Bermúdez, también de Clarín: "en 2016, la deuda pública creció en U$S 35.000 millones (...) El total de la deuda contraída con organismos públicos, multilaterales y acreedores privados llega al 60% del PBI. Se estima que durante 2017 el endeudamiento público podría pegar otro salto similar atento al déficit fiscal estimado para este año (más del 6% del PBI) y la mayor carga financiera. En proporción al PBI, la deuda volvió a subir del 38,7% en 2011 hasta el 53,6% en 2015, para aproximarse al 60% en 2016".
Mientras endeuda en forma alevosa, el endeudador serial miente sin ponerse colorado. El 2 de enero, en medio de sus largas vacaciones en Villa La Angostura fue a tomar el té con el gobernador de Chubut y declaró: "no queremos seguir tomando deuda y obligar a que nuestros hijos y nietos la tengan que pagar".
No la van a pagar él ni sus hijos, ni Antonita, ni sus nietos. La van a sufrir muchísimo y pagar nosotros y los nuestros por los importes actuales, los intereses y los tremendos costos sociales de las crisis por venir.