Dura lucha con virtuosos que están muy repartidos

Señor Director:
Las luchas sociales libradas para avanzar en términos de igualdad de oportunidades, muestran que las personas que tienen más claro el objetivo y que se convierten en referentes o conductores, pueden provenir de cualquiera de los sectores.
Pensaba en esto ayer al leer el discurso que Oprah Winfrey pronunció al recibir el premio Cecil B. DeMille, siendo la primera actriz de color que llega a tan alta distinción. Lejos de limitarse a los reconocimientos habituales, su discurso se constituyó en expresión de la lucha del negro en la sociedad norteamericana, en particular por la participación de la mujer, para afirmar que "estoy segura que decir nuestra verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos". Recordó en seguida no solamente a actores y actrices de color y también "a las que han sido nuestros atletas en las Olimpiadas y nuestros soldados en la milicia". Recordó a Recy Taylor, secuestrada, violada y golpeada por un grupo nunca identificado, y a Rosa Parks, que muchos años después encontró las fuerzas para seguir sentada en un autobús cuando un blanco le reclamó el asiento. Concluyó diciendo que quería que todas las mujeres que están viviendo este momento sepan que un nuevo día está en el horizonte.
Me puse a repasar mis propios recuerdos sobre esta lucha del afro que, ya liberado de la esclavitud inicial, afronta para ocupar un lugar realmente igualitario en esa sociedad. Una vez, en Miami, viajando con familiares, llegamos a un barrio negro y pronto nos vimos rodeados por un grupo en actitud desafiante, como dispuesto a agredirnos. Zafamos de ésa, pero empecé a pensar en nuestra relación y la de los blancos de aquella sociedad que halla tanta dificultad para aceptarse y admití que esa actitud de muchos jóvenes de color de gallear ante el intruso, tenía su razón de ser en la discriminación secular que habían soportado, pero que a la vez ayudaba a mantener el fuego de antiguas exclusiones que se repetían siempre a punto de estallar. Los líderes negros han ayudado, en casos, a acortar distancias y otro tanto han hecho y hacen los líderes blancos.
Dado que Oprah Winfrey habló principalmente dirigiéndose a la mujer negra, no podía ignorar que en la actual lucha femenina por el cese de la sociedad patriarcal y los llamados "abusos sexuales" que vienen denunciando, las distancias entre negras y blancas se están acortando rápidamente, como se ve allí en el movimiento Time's Up (fondo legal para ayudar a las víctimas del acoso) y en el movimiento Me too (Yo también). Se repite el fenómeno que se dio en la lucha de las feministas inglesas y en las de las obreras norteamericanas que eran víctimas de explotación discriminatoria. No pocos varones dudaron en plegarse en ambos casos, pero hubo valiosas excepciones. El hecho de que los norteamericanos hayan podido tener un presidente negro, quien no pudo evitar ser blanco de expresiones que traducen odio racial, deja en claro que el avance es lento, pero que hay avance. Lo que falta todavía en el movimiento feminista de Estados Unidos es mayor solidaridad activa entre los sexos. Oprah reclamó que ninguna de las actuales militantes baje los brazos y que mantenga viva la esperanza.
Estos procesos de igualación sexual como los de la igualación social son de lento desarrollo, más que nada en una sociedad con tantos sectores hostiles a ambos. Éstos, así como los que han concentrado la mayor riqueza y los que esperan ser partícipes de su festín, se mantendrán en sus posiciones quizás para siempre, pues estos odios son de larga incubación y ahora son alentados por muchos medios de comunicación.
Creo conveniente insistir en el alcance del principio de igualdad, en particular en cuanto se trata de igualar oportunidades iniciales, para que cada persona avance según sus talentos y su voluntad de realizarse. Los humanos seguiremos naciendo desiguales.
Atentamente:
Jotavé