¿Fin de la historia?

Desde que en un pasado remoto el ser humano alcanzó la categoría de sapiens -es decir, capaz de pensar y saber- comenzó a percibir una de las dimensiones esenciales de la vida: el tiempo. Esa percepción trajo aparejada obligadamente la necesidad de ordenar y analizar el fluir de los acontecimientos sociales, especialmente de aquellos más significativos: lo que en definitiva llamamos historia.

Desde ese entonces al margen de tratar de sistematizar los sucesos la humanidad (porque la historia pasó a ser materia de todos) trató y sigue tratando no solamente de darle un orden a los acontecimientos sino también de dilucidar sus raíces, sus causas y, a veces, su proyección en el porvenir.
Para quienes se interesan por estos costados filosóficos de la historia la actualidad ofrece escenarios propicios para indagar sobre los cómo y los por qué. Atrás quedaron los planteos absurdos e interesados de "el fin de la historia"; nuevas fuerzas políticas surgidas de lo que generalmente se conoce como "la derecha" comenzaron a campear en el mundo con mucho éxito, tanto en los países centrales y más desarrollados -que inclinaron hacia ese lado sus preferencias electorales- como en aquellos pertenecientes a la periferia o tercer mundo.
Sin embargo en el muy breve plazo de un año o poco menos, el sólido edificio económico, político y cultural levantado por aquella tendencia, incluida una suerte de coalición supranacional orientada por los países líderes, ha comenzado temblar y sacudirse de una manera impensada, ante el avance una marea social que reclama un retorno a muchas de las "viejas" posturas y demandas de la izquierda.
Acaso América Latina sea el ejemplo más cabal de tan singular cambio donde en tan corto tiempo países tomados como ejemplares por el establishment global, como Colombia o Chile, fueron escenario de protestas masivas que sacuden sus mismos cimientos políticos. En tanto en Europa, hasta la avanzada Francia, que parecía haber dejado atrás otras opciones políticas, vio nacer el movimiento de los "chalecos amarillos" que en los últimos días unió fuerzas con una masiva huelga general para conmoción de la estructura política del país galo. Sin necesidad de abundar, son varios los países que parecen estar acechados por estos vientos de cambio.
De ahí que podamos volver a las consideraciones iniciales de estas líneas sobre el acontecer histórico ¿Qué fuerzas laten en la sociedad humana para que la historia, a la que muchos creían previsible y encarrilada, sorprenda con estos giros inesperados, como si hubiera una necesidad latente de equilibrar las relaciones de fuerza entre los sujetos y las estructuras que gobiernan su funcionamiento?
Una perspectiva simplista, pero no por ello menos interesante y digna de considerar, sería la vigencia del "corso e ricorso" -el ir y venir- que tendría el desarrollo histórico sin que se alcance a explicar muy bien el por qué, pero siempre tendiendo a una suerte de búsqueda de equilibrio de pensamiento y acción opuestos, según señalaban algunos destacados intelectuales en el siglo XVIII. Para otros, en cambio, este impredecible motor histórico sería la respuesta a las aspiraciones de una vida digna, siempre vigentes en el ser humano.
Lo indudable es que tenemos el singular privilegio de observar uno de esos cambios súbitos que impone la dinámica histórica sin conocerse muy bien las causas de su irrupción.