Desaguadero: nada nuevo bajo el sol

Las dos recientes reuniones de carácter nacional relacionadas con los recursos hídricos interprovinciales más que mostrar avances concretos en lo técnico y político, sirvieron para sincerar el panorama y reiterar conocidas posiciones de las provincias y de la Nación, esta última bastante alejada del papel integrador que de ella se espera.
En principio -y dejando de lado por ahora la reunión sobre Coirco y el río Colorado, que merece un tratamiento especifico-, resulta más que sorprendente que en la reunión para abordar la cuestión del Desaguadero-Salado-Chadileuvú-Curacó no haya estado presente la provincia de Catamarca, integrante de la cuenca, ya que en su territorio es donde tiene sus nacientes el río. Es claro que, si no fue invitada, constituye una desprolijidad muy notoria y, si lo fue y no concurrió, nada se dejó trascender. Hay un antecedente interesante que viene bien recordar hoy: cuando La Pampa hizo los primeros intentos para constituir un comité de cuenca, hace cuatro décadas, las autoridades de esa provincia manifestaron su acuerdo.
La ausencia catamarqueña no es un hecho que pueda pasarse por alto sin decir nada, ya que los cursos que dan origen al Desaguadero, al margen de otras cuestiones, atraviesan una zona en la que las concesiones mineras han sido fuertemente cuestionadas durante las últimas semanas, precisamente por el riesgo latente de contaminación hídrica que esa actividad conlleva. No es un dato menor como lo corroboran los antecedente de lo ocurrido en San Juan, en donde se minimizaron e intentaron ocultar las fugas de sustancias contaminantes.
Tampoco sorprenden demasiado -por conocidas y esperables- las rígidas posturas de las provincias cuyanas, que insisten con que el Desaguadero no constituye una cuenca sino un "sistema" hídrico, un absurdo semántico y técnico que inventara Mendoza décadas atrás para justificar su apropiación del Atuel. De paso ambas provincias, ahora con el inestimable apoyo de La Rioja, mostraron su ignorancia -o su desprecio- por los numerosos testimonios históricos al respecto. El colmo se dio cuando el representante sanjuanino señaló que "el Desaguadero no es un río porque su curso es esporádico", un argumento tan torpe como insostenible.
La contraparte ante semejante necedad técnica -sustentada, desde luego, en una férrea posición política- la constituyó la presencia de las provincias de Río Negro y Buenos Aires. Ellas no son integrantes directas de la cuenca pero se ven muy perjudicadas cuando ocurren las grandes crecidas y los aportes de agua llegan al Colorado, alterando significativamente su salinidad y afectando en consecuencias las extensas superficies bajo riego que ambas poseen. Cuando comprobaron en carne propia los daños que podían padecer como consecuencia de una cuenca anárquica, modificaron sus posiciones iniciales de indiferencia y pasaron a entender y respaldar los argumentos de La Pampa. Comprendieron así que el tan temido y publicitado Tapón de Alonso es, apenas, una mínima parte de un problema mucho mayor.
El resultado del encuentro era previsible y mostró a los cuyanos arrancando con una ventaja incial. Lograron prorrogar, una vez más, la decisión de dar pasos concretos para la constitución del comité de cuenca aunque aceptaron, como una concesión diplomática, avanzar con nuevos estudios sobre la región y volver a verse las caras dentro de un mes. Dicho de otro modo, cambiar algo para que nada cambie.
Quedó claro, una vez más, que la sola mención de las palabras "comité de cuenca" eriza la piel de los fuertes intereses mendocinos y sanjuaninos que ahora sumaron a los riojanos como aliados.
La integración del "país profundo" es mucho más compleja de lo que parece en superficie, y si la Nación no juega con mayor energía en favor de ese objetivo supremo, los resultados positivos no se verán en un plazo razonable.