Cómo nos mienten a gran escala

El uso de la mentira a escala global no tiene límites. En Siria "fabricaron" un "ataque químico" para justificar un bombardeo de EEUU, Gran Bretaña y Francia.
DANIEL ESPINOSA
Lejos de innovar en la producción de nuevas y sofisticadas formas de engañar al mundo, las técnicas de guerra psicológica empleadas por las potencias occidentales se repiten una y otra vez desde hace varias décadas. Para que conserven su efectividad es central el papel de los grandes medios.
La Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, por sus siglas en inglés) fue señalada por sus propios inspectores por falsear los resultados de su investigación sobre un supuesto ataque químico ocurrido en la ciudad de Duma, en Siria, el 7 de abril de 2018.
Seis días después Estados Unidos, Francia y Reino Unido dispararon más de una centena de misiles Tomahawk sobre territorio sirio, destruyendo varios edificios gubernamentales donde supuestamente se guardaban o desarrollaban armas químicas.

La prensa aplaude.
La prensa norteamericana, la misma que se jacta de ser una suerte de "resistencia" contra Donald Trump, se deshizo en elogios hacia su decisión de bombardear "para enseñarle al mundo que Occidente hará valer el derecho internacional" y "proteger" a la población siria. Así opera la prensa en su calidad de aparato propagandístico del establishment.
Como informó en su momento FAIR.org, de cien diarios norteamericanos revisados luego del bombardeo sobre Siria ninguno cuestionó el ataque, para el cual Trump pasó por encima de su Congreso, que debe aprobar este tipo de acciones. Nada de esto suscita cuestionamiento alguno sobre las "sólidas instituciones" norteamericanas o la separación de poderes; tampoco pintan a su presidente ni con el más leve matiz autoritario. "La total falta de disenso editorial -concluye FAIR.org- es consistente con la tradición de los diarios más importantes de aceptar de manera uniforme las acciones militares de EEUU".
Theresa May, entonces primera ministra del Reino Unido, y Emmanuel Macron sumaron con entusiasmo sus apoyos al argumentar que el ataque era "legal y moralmente correcto" y que las pruebas del ataque químico sirio eran "sólidas".

Inspectores denuncian.
Uno de los inspectores de la OPCW para recoger evidencias en el lugar de los hechos -Duma, donde supuestamente murieron más de 40 personas debido a un ataque con gas cloro-, señaló que el reporte final de dicha organización contradijo los hallazgos hechos por él y su equipo, que fueron debidamente registrados en un reporte interno de la OPCW. "La evidencia fue suprimida y un nuevo reporte, que contradecía los hallazgos, fue escrito por los altos directores", expresó en Bruselas de manera anónima, por temor a represalias, uno de los investigadores.
Como explicó el periodista Jonathan Steele (ex corresponsal de The Guardian) para el medio independiente Counterpunch (15/11/19), el inspector mencionado era el segundo miembro del grupo enviado a Duma en acusar un fraude. En mayo de este año, WikiLeaks filtró un documento redactado por Ian Henderson, otro inspector de la OPCW. En él se detallaba que los cilindros revisados y que habrían contenido el gas cloro, difícilmente podrían haber sido lanzados desde un helicóptero del ejército sirio, como denunciaron los "rebeldes moderados" aliados de Occidente. Con la excepción de un solo inspector, el equipo de Henderson determinó que lo más probable era que los cilindros hubieran sido puestos en el lugar donde los encontraron.

Ni rastros de cloro.
Tampoco habría existido la presencia de gas cloro, ni mucho menos de gas sarín, que fue lo primero en descartarse. A pocos días del supuesto ataque el representante del gobierno francés en la ONU, Francois DeLattre, aseguró que los videos que mostraban a las supuestas víctimas daban fe del uso de un "potente agente nervioso". Pero analizando las muestras de sangre de algunas de las supuestas víctimas que habrían sobrevivido al ataque, que luego se refugiaron en Turquía, la misión de la OPCW descubrió que eso era falso. Tampoco encontraron rastros de ningún agente nervioso en los alrededores de los edificios de Duma donde habría ocurrido el ataque.
Finalmente, los restos de cloro usados para montar la farsa no eran mayores a las que el lector podría encontrar en la cocina de su casa, por lo que el informe suscitó acalorados debates dentro de la organización para la prohibición de armas químicas. Los resultados determinaron que el cloro encontrado no superaba los límites establecidos por la OMS para bebidas de consumo humano. Tremendo fraude.

"Presiones inaceptables".
Para mayor escándalo, tanto Henderson como el inspector que habló anónimamente en Bruselas "agotaron todas las vías internas de la OPCW", con la finalidad de resolver el asunto dentro de la misma organización. Incluso enviaron toda su evidencia de "comportamiento irregular" a la oficina de supervisión interna. Ninguna de las gestiones tuvo éxito ni respuesta por parte de la dirección de la OPCW. No solo eso: en un giro totalmente inesperado, una de las cabezas de la OPCW, Bob Fairweather -diplomático británico de carrera-, invitó a varios inspectores a reunirse con tres oficiales del gobierno norteamericano, quienes les aseguraron "enfáticamente" que el régimen sirio había llevado a cabo el ataque químico. Sorprendidos por la inusual treta, los inspectores abandonaron la reunión sintiéndose "presionados" de una manera "inaceptable" y en "violación de los principios de independencia e imparcialidad de la OPCW", como informó Counterpunch. Después de nueve meses de intentos de resolverlo internamente, Henderson y el informante anónimo decidieron hacer pública su queja.

Los que ganan millones.
Como explicó también el informante, las implicancias de que el supuesto ataque químico en realidad no se hubiera dado eran "dramáticas", pues apuntaban a que el incidente de Duma habría sido un montaje de la oposición, la que es apoyada -y armada hasta los dientes- por Occidente. Todo indica que los directores de la OPCW esperaban una respuesta que confirmara todo lo que la prensa y los políticos occidentales ya habían decretado.
Pero no todos pierden. El ataque con misiles Tomahawk sobre Siria, ordenado por Trump a raíz del supuesto "ataque químico", hizo crecer el valor de mercado de las acciones de Rytheon, la corporación que produce dichos misiles, en 2 mil millones de dólares. Un gran negocio. (Extractado de Hildebrandt. Rebelión).