Bronca justificada

Gran malestar provocó en la municipalidad de Rancul la decisión del intendente de convertir a tres funcionarios políticos en empleados de planta permanente. Con mucha razón varios trabajadores expresaron su enojo porque hace muchos años que revisten como contratados. En este caso se trata de un jefe comunal justicialista que le deja esta "pesada herencia" a su sucesor de otro signo político.
No es una "enfermedad" novedosa esto de tomar al Estado como botín de guerra y nombrar empleados por el solo mérito de ser "compañeros" o "correligionarios". Cerca de Rancul, en Realicó, pasó lo mismo, aunque no hubo quejas porque el anterior intendente justicialista hizo lo mismo que la actual intendenta radical, por lo tanto nadie está en condiciones de arrojar la primera piedra.
Aquí en Santa Rosa, el intendente (radical) que se está despidiendo le dejó de "regalo" a su sucesor (peronista) no unos empleados más sino todo un convenio colectivo con un gremio, y sin estudio de factibilidad económica. Y a nivel nacional acaba de sorprender un decreto del actual presidente pretendiendo concederles "estabilidad laboral" a los funcionarios políticos de su gestión.
Esta enumeración, por cierto que muy incompleta, no tiene el propósito de justificar esta tara de la política criolla sino, al contrario, señalar lo extendida que está. Desde las más modestas comunas hasta los niveles más encumbrados de la política nacional, ninguna gestión ni partido político está libre de ella. La proliferación arbitraria de agentes públicos en las comunas y en la Provincia son ejemplos cabales. Y lo peor es que estos ingresos por la ventana se dan, casi invariablemente, cuando finalizan los mandatos, es decir, cuando los gobernantes de "acuerdan" de pagar los favores políticos con plata ajena. Que en este caso es plata del Estado, es decir, de todos.