Agua: la lucha no tiene fronteras

La marcha atrás del gobernador de Mendoza ante el masivo reclamo en contra de la megaminería muestra que la movilización popular puede torcerle el brazo a los poderosos intereses económicos que tantas veces cuentan con la anuencia del poder político. Cuando se votó la ley que enardeció a los mendocinos hubo manos levantadas de todos los espacios políticos, incluso del justicialismo a pesar de que ese partido había expresado su rechazo al proyecto. Fue una prueba categórica de la enorme capacidad de "persuasión" que tienen los lobbies que operan en las sombras y que se benefician con este tipo de legislación tan pródiga para sus bolsillos como perjudicial para el ambiente.
Si bien es para aplaudir la reacción inmediata y masiva del pueblo mendocino y sus organizaciones sociales, sería una gran ingenuidad suponer que esta batalla por el agua significa que se ganó la guerra y que el teatro de operaciones se circunscribe a los límites de la provincia vecina. Con solo escuchar una de las consignas que se enarboló en las movilizaciones y que hablaba de la defensa del "agua de Mendoza" se puede advertir la complejidad del escenario planteado.
Si los manifestantes mendocinos se dieran una vuelta por el oeste de La Pampa y vieran la desertificación que provocó el corte del Atuel hace más de setenta años con su secuela de devastación de flora y fauna y el brutal despoblamiento humano se darían cuenta que nos une una misma lucha. Y que deberían tener una mirada más comprensiva del reclamo pampeano que ya lleva cinco décadas ante los oídos sordos de las autoridades de su propia provincia.
Es de esperar que esta situación haya contribuido a crear en los habitantes de Mendoza una conciencia ambiental que les haga ver que el cuidado de los recursos naturales excede por mucho los límites políticos, pues estos no son más que líneas imaginarias que solo existen en las cartas geográficas.
La crisis hídrica que vienen sufriendo varias cuencas andinas no respeta jurisdicciones estatales. Los ríos Atuel y Colorado, entre otros, son buenos ejemplos de este fenómeno climático que afecta a una gran región del centro del país que excede por mucho a la provincia de Mendoza. De hecho, las cinco provincias que comparten la cuenca del Colorado están padeciendo las consecuencias de esta prolongada época de escasez de agua.
A varios centenares de kilómetros de Mendoza, los regantes del sur bonaerense acaban de expresar su gran preocupación por la gran bajante de este río que en esta temporada exhibe una merma extraordinaria. El embalse de Casa de Piedra está erogando casi el doble de lo que ingresa y un técnico pampeano acaba de señalar que, si la presa de Portezuelo del Viento se hubiera erigido, debería largar toda el agua que recibe sin posibilidad de embalsar ni un metro cúbico.
Todos tenemos derecho a un ambiente sano y a disfrutar y explotar los recursos naturales en forma sustentable. Cuando el complejo Los Nihuiles fue levantado La Pampa sufrió un daño ambiental y humano equivalente, o superior, al que puede provocar una megaexplotación minera. Si eso no se comprende la lucha de nuestros vecinos no habrá dejado ninguna enseñanza.