Una fábrica de oportunidades

"El Pase" es una fábrica de pelotas que da trabajo, y contención, a presos que se encuentran en las instancias finales de su condena y tiene como objetivo principal educar en valores, costumbres y respeto. El taller está situado en la ciudad bonaerense de Trenque Lauquen y funciona allí desde hace pocos años, aunque parecen que fueran muchos.
"El Pase" básicamente es una ONG que se inició luego de que un equipo de la Pastoral Carcelaria, integrado por varias personas, visitara durante mucho tiempo a los internos de la Unidad Nº 20, correspondiente al Servicio Penitenciario Bonaerense.
El taller, donde se confeccionan artesanalmente pelotas de fútbol y vóleibol, tiene una particularidad y es que los internos no trabajan dentro del penal: salen de allí para dirigirse a una especie de galpón acondicionado especialmente para la ocasión, que es propiedad de Cáritas, y que se encuentra fuera de las instalaciones de la Unidad Nº 20.
Otra particularidad es que no sólo dan trabajo a encarcelados, sino que también trabajan aquellas personas consideradas "en riesgo" y que están fuera del sistema.
"A partir de ver necesidades o por donde podemos entrar para ayudar a personas que una vez libres puedan reinsertarse o reasociarse de manera más rápida, o directamente hacerlo, ideamos este proyecto que, más que proyecto, es una realidad", expresó Martín Herrero, responsable de esta particular fábrica donde se dejan de lado los prejuicios y donde se tiene bien en claro que "atrás de un delincuente hay una persona que tiene todas las chances de salir adelante".

La pelota como excusa.
La necesidad que vieron los integrantes de la Pastoral Carcelaria, a partir de varias reuniones, básicamente fue que dentro del penal "hay buena madera". "Por ahí nos encontramos con casos de personas que no tuvieron otra chance, que no tuvieron otra oportunidad", sostuvo Herrero y reconoció que a través de esas reuniones, donde ellos pueden escucharse mutuamente, "ellos -los internos- expresan sus intenciones de querer hacer otra vida y no estar perseguidos por la policía y los miedos".
En este sentido argumentó que "cuando hay una decisión de cambio, nuestra intención es acompañar esa decisión de cambio". Por lo tanto definió que "la pelota es una excusa" y que en realidad se intenta, antes del periodo previo a la salida, en el cual el juez otorga el beneficio de la laboral, que puede ser en un transcurso de seis meses, nueve meses o un año, "trabajar con ellos principalmente en costumbres, hábitos de trabajo, convivencia, de respeto hacia un compañero de trabajo, a un patrón o un jefe".
"O poder entender el sentido del esfuerzo, que para lograrlas hay que esforzarse, y de a poco uno va proyectando y armando ideales. Ideales como formar una familia, todo lo que 'normalmente' tenemos y a ellos hay que ayudarles a construir un poquito esto", sostuvo el hombre en diálogo con Radio Noticias.
Otro aspecto que destacó fue que, mientras trabajan haciendo una pelota, la Pastoral va trabajando con ellos también. Lo positivo de esto es que "todos aprenden". Los internos aprenden a fabricar pelotas de una manera muy artesanal, y los colaboradores, los guías de esta fábrica, aprenden a trabajar con ellos.

Infancias rotas.
La Unidad Penitenciaria Nº 20 se compone de internos que en su mayoría son de la provincia de Buenos Aires. "Los hay de Pellegrini, Carlos Casares, por ahí hay alguno de San Luis o quizá de Córdoba, pero generalmente son de la provincia. No vienen de diferentes penales, aunque hay casos, pero nosotros trabajamos de igual manera con todos", dijo Martín y dejó claro que "obviamente, trabajamos con todos aquellos internos que quieren o tienen la intención de hacer un cambio de vida".
Martín asiste a las cárceles desde hace 12 años. Hace retiros espirituales, por ejemplo, e incluso está -junto al equipo- en contacto permanente con las necesidades que tienen los internos y los acompañan durante su condena. En este sentido el muchacho evidenció que generalmente, para quien lo ve desde afuera -quizá por esa imagen que nos venden las películas- se tiene una concepción del preso como alguien "duro, grande, con características fornidas", y en realidad en "El Pase" trabajan muchos jóvenes que no superan los 25 años.
"Es nuestro fracaso como sociedad. Chicos que con escasos 18 años han caído en prisión con condenas superiores a los cuatro años, son tan jóvenes, y miro a mis hijos que recién empiezan a caminar en la vida, y ellos ya están presos, habiendo vivido una infancia muy dura, una historia muy trágica de su vida, que como consecuencia está la cárcel", y ante la consulta del periodista, de si dichas cuestiones se debían a la falta de oportunidades, argumentó que "no se si atribuírselo a la falta de oportunidades, creo que son chicos con infancias rotas, son hijos del desamor, hijos de padres que por ahí han sido abandónicos, o han sufrido abusos, y que en el mejor de los casos han vivido con padrastros changarines y no han aprendido la cultura del esfuerzo", reflexionó Herrero.

Vulcanizadas y artesanales
Las pelotas que se fabrican en el taller son tipo “vulcanizada”, pegadas con material sintético y tienen un costo de 300 pesos. El monto se reparte en 100 pesos para el interno, otros cien para gastos generales y el resto para recompra de materiales. Son “bien artesanales”, lo que permite hacer mayor cantidad. Actualmente son alrededor de ocho personas, cuatro internos y cuatro chicos “en riesgo”, que “se enamoraron del proyecto” y que trabajan allí, sostuvo Herrero.