"Les deseo paz y felicidad"

El primer testimonio de una nueva jornada en el juicio de la Subzona 14 II fue el de Alejandro Andrada. Fue detenido en una noche de marzo de 1975, al mismo tiempo que allanaban la casa de sus padres. Luego de su liberación, su familia -madre, padre, hermana y abuelo- le contó que ingresaron a la vivienda con ametralladoras, "algo impensado para la época".

Detalló que se llevaron "cosas irrisorias": libros, un revólver antiguo que pertenecía a su abuelo y una carta. Estuvo detenido desde el 5 hasta el 20 de marzo aproximadamente. Lo llevaron en un auto sin inscripción oficial, "de civil".
Andrada fue uno de los cuatro primeros detenidos, pertenecientes al movimiento Humanista. Sin embargo, no era la primera vez que lo interceptaban por integrar el grupo.
"Con Mario Lóriga nos habían detenido en Córdoba el año anterior", contó y agregó que "el hostigamiento continuó luego de 1975". Estudió Periodismo en 1973 y en el recorrido del trayecto a la facultad conoció a Lucía Tartaglia.
Confirmó que durante la detención del '75 la Policía Provincial le preguntó en varias oportunidades por la joven estudiante de Abogacía, militante desaparecida en 1977. "Preguntaban buscando nexos con la violencia, con la guerrilla, el revólver de mi abuelo, etcétera".
En su detención, reconoció a los represores Fiorucci, Reinhart, Yorio y Baraldini. "Vi que no entendían de qué se trataba nuestro movimiento" -continuó- y como el Humanismo planteaba la "no violencia", adoptaron el concepto de "subversivos ideológicos".
También mencionó que amenazaban con trasladarlos a Trelew, "nos preocupaba". En una oportunidad vio pasar al médico policial Máximo Pérez Oneto, al que reconoció porque jugaban juntos al fútbol en la Escuela Hogar.
También mencionó que en un momento empezó a participar de los interrogatorios un grupo de la Policía Federal. Allí interfería un efectivo de apellido Martino y otro, Constantino. "Cada tanto nos detenían, eran detenciones exprés cada dos o tres días".
Andrada se fue de La Pampa y regresó hace ocho años. Después de la detención trabajó en el diario La Capital, con Nelson Nicoletti a quien amenazaban y le preguntaban por él. Definió que se trató de violencia psicológica, en ese momento "no sospechábamos lo que iba a venir después".

Guerrilla.
A Emigdio Fragassi lo detuvieron efectivos que se transportaban en un Ford Falcon de color verde. Le pidieron que entregue supuestos "libros izquierdistas".
Lo ubicaron en un cuarto de la Seccional 1º. Luego lo trasladaron a la sede de la Policía Federal, donde contó que los interrogatorios incurrieron en "preguntas ideológicas".
En su relato destacó que el problema fue que se aplicaba por primera vez la Ley de Luder, para aislamiento de las guerrillas. Si bien Fragassi no participaba del movimiento, tenía amigos siloistas. En ese sentido, por tener una diferencia mayor de edad respecto a la de sus compañeros lo caracterizaron como jefe del grupo "guerrillero".
"Puedo tener los libros que quiero y pensar como quiero. Muchos amigos quemaron sus libros y yo no lo hice. Nadie tiene derecho a preguntarme cuáles son mis ideas", concluyó.

De la Barra.
Por su parte, Nankes De la Barra destacó en su testimonio que aunque en la detención del grupo no hubo violencia física, hasta el día de hoy se siente perseguido: "Salgo de casa y miro si hay alguien".
Al interceptarlo le hablaron de desobedecer la Ley de Seguridad Nacional. Tres policías lo llevaron sin orden judicial, "acompáñenos que tenemos que hacer averiguaciones", relató.
En sus días de cautiverio no recibió comida durante 48 horas, sí le daban agua y más tarde le otorgaron visitas. "Nos metieron presos por promover la paz" -resumió-, el siloismo incentiva a "tratar a los demás como quieres que te traten".
Asimismo, preguntó ante el Tribunal "cómo puede ser que se tarde tanto; 43 años".
"A pesar de lo que nos hicieron, todavía podemos mirarlos humanamente. Cuántos hermanos nuestros desaparecieron. Nosotros no empleamos las armas, seguimos trabajando por la paz y la no violencia", cerró.