Le donó parte del hígado a su madre

Liliana Klug, que sufría cirrosis biliar primaria, recibió el trasplante en una compleja operación realizada en la Fundación Favaloro. El cirujano que le practicó la ablación del órgano a Emanuel se llama Pablo Barros Schelotto, hermano de los "mellizos" ex futbolistas.
WINIFREDA / CORRESPONSAL - Cuando Liliana Klug, nativa de Winifreda, reunió a toda su familia para comunicarle que le habían detectado una enfermedad hepática y necesitaba un trasplante para mejorar su calidad de vida, Emanuel no lo dudó: "Quédate tranquila, yo voy a ser tu donante", le manifestó, dando una muestra de inmenso amor hacia su madre.
La mujer, que sufría de cirrosis biliar primaria, recibió casi el 50 por ciento del hígado de su hijo de 29 años, en una compleja operación que estuvo a cargo del equipo de la prestigiosa Fundación Favaloro de Buenos Aires.
El cirujano que le practicó la ablación de una parte del órgano a Emanuel se llama Pablo Barros Schelotto, hermano de los "mellizos" Gustavo y Guillermo Barros Schelotto, el segundo actual entrenador del equipo de primera división de Boca Juniors. Madre e hijo se recuperan favorablemente de la intervención quirúrgica y solo van al centro asistencial para sus controles.
Liliana, de 56 años, es enfermera y sus problemas de salud comenzaron en 2005 con picazones en todo su cuerpo. En ese momento estaba trabajando en el hospital de esta localidad. Luego de una serie de análisis, fue trasladada al Lucio Molas de Santa Rosa, donde el hepatólogo Marcelo Bassia ordenó una biopsia de hígado. Ese estudio, que la paciente se lo realizó en Bahía Blanca, dio positivo e identificó la enfermedad: cirrosis biliar primaria.
"No se sabe su origen. No es hereditaria ni tampoco producida por el alcohol porque en mi caso nunca tomé descontroladamente. Los especialistas me contaron que afecta a mujeres de entre 40 y 60 años y que de un millón se da un caso y me tocó a mí", contó Liliana, en conversación telefónica desde Buenos Aires con LA ARENA.

Inicio de tratamiento.
Confirmado el diagnóstico, inició un largo tratamiento con pastillas que le disminuyeron los pruritos. Los síntomas volvieron a manifestarse en 2012 cuando pasó a consumir de cuatro a siete comprimidos diarios, equivalentes a 2.100 miligramos.
Fue entonces que el médico Bassia decidió derivarla a Buenos Aires y la obra del Estado pampeano a la Fundación Favaloro. Allí fue evaluada por la médica Valeria Descalzi y en 2016 fue operada de vesícula. "La cirrosis se acentuaba cada vez más, todo lo que tomaba no me hacia efecto. No tenía dolores, pero el hígado estaba más grande de lo normal y muy deteriorado", señaló.
La operación era inevitable y se programó para el 15 de noviembre de 2017 y Liliana fue incorporada a la lista de espera del Incucai. Ella estaba tranquila porque "Emanuel siempre me decía que iba a ser mi donante vivo. Tenemos el mismo grupo de sangre y el 98% de compatibilidad", precisó.

La intervención.
El trasplante se realizó en dos quirófanos contiguos: a la mujer se le extrajo la totalidad de su hígado dañado y al donante el lóbulo hepático izquierdo, que se lo implantaron a su madre. Esa parte del hígado equivale a la mitad de ese órgano.
La ablación estuvo a cargo del cirujano Pablo Barros Schelotto, hermano de los reconocidos "mellizos" Guillermo y Gustavo Schelotto. La intervención quirúrgica duró más de 10 horas. En principio, el órgano implantado no logró adaptarse al cuerpo de la receptora y tuvo que permanecer 15 días más internada. Hoy, madre e hijo, presentan una evolución favorable.
Tanto a Emanuel como a Liliana se les regenerará el hígado casi hasta su volumen original. "Tengo que tomar inmunosupresores de por vida y corticoides. Y por un año comer comidas cocidas", precisó Liliana sobre los cuidados postoperatorios.
Sin hígado es prácticamente imposible la vida humana. Entre sus más de 250 funciones figuran la producción de proteínas a partir de los alimentos, la generación de factores de coagulación, el metabolismo de las grasas, hidratos de carbono y del agua.

Un gesto humanitario
Emanuel Klug se alegra por la recuperación que experimenta su progenitora día tras día. "Pienso que cualquier hijo hubiese hecho lo mismo por su madre, hay que tener coraje y estar bien decidido para una operación riesgosa. Lo hice porque quiero ver bien de salud a mi mamá", expresó, para referirse a su gesto humanitario. "No tomo medicación porque las ecografías dieron que tengo todo perfecto", apuntó. Dentro de un año deberá someterse a un último control médico. "Sigamos tomando conciencia sobre la importancia de expresar la voluntad de ser donantes de órganos", fue su mensaje final.