Mil libros leídos son bastante, ¿o no?

Mario Vega - ¿Cuántos libros podría leer alguien en su vida? Unos, claro está, no se interesarán en un texto nunca jamás; y otros hacen de esa actividad un instante de enorme placer. Es el caso de Panqui Bompadre.

¿Qué placer especial encuentra una persona al leer? Obviamente existen explicaciones científicas que tratan de explicarlo; y naturalmente se hallan algunas otras aserciones producto de las sensaciones que las personas experimentan ante esa actividad que se lleva a cabo en soledad.
¿En soledad? Una de mis hijas, la mayor, María Angélica, que hoy hace el doctorado de Lenguas en Córdoba, me dice que me equivoco con este concepto. Y quizás tenga razón.
Es que uno, mientras lee, pareciera no tener diálogo o contacto con una persona que puede estar físicamente a su lado, pero sí está en relación... con el texto que tiene en sus manos. Porque leer -aduce- también es un modo de vincularse, con la cultura, con la historia, con la ciencia, con signos sociales, con la vida misma. Porque no es algo que no tenga que ver con nada. "En ese momento no estás aislado, te estás relacionando con el texto", me explica.
Y sí, hay que coincidir que ese ejercicio se puede tornar en una aventura maravillosa para la imaginación; aunque algunos autores -al contrario de lo expresado más arriba- sostienen que leer se trata de un gran placer que se puede disfrutar en soledad. Un buen texto puede mostrarnos el mundo -y aún figurarnos el que no conocemos- sin necesidad de viajar, de tomar un micro o un avión, o andar en persona por los lugares más remotos.

Leer más de 1.000 libros.
Seguramente habrá muchas personas -literatos, poetas, escritores, o simplemente lectores empedernidos- que a lo largo de su vida se han ilustrado tanto que no deben tener siquiera una aproximación de la cantidad de libros que pasaron ante su vista. Y por otra parte, ni siquiera se habrán puesto en la tarea de contarlos.
Probablemente existirán muchos que hayan leído muchísimo -y aún mucho más- que Panqui Bompadre. Pero la particularidad en este caso es que se tomó el trabajo de contarlos, desde aquellos de sus primeros años en la escuela, hasta los que disfrutó en estos últimos días. Cuando un amigo me comentó esa curiosidad, me dijo: "Yo he leído bastante, pero Panqui los tiene contados: leyó 1.000 libros, e hizo una fiesta para festejarlo".
Es un hombre joven, que vivió sus primeros años en Catriló, y que hace un tiempo se volcó a la actividad política, muy cerca de La Cámpora y, especialmente, de Luciano Di Nápoli, quien fue diputado provincial hasta el último 10 de diciembre.

Quién es Panqui Bompadre.
Francisco María Bompadre (40), tal su nombre completo, usa una barbita blanquecina, tiene el pelo entrecano, es más vale menudo, tiene el aspecto de un yuppie -y no tengo ninguna intención de ser peyorativo, y además no digo que lo sea-, y además una sólida formación.
Le gusta cada tanto hacer una apuesta con aquellos que la van de sabihondos, y desafía, un poco en broma, un poco en serio, a algunos que se jactan: "Te doy el nombre de 10 libros, si me decís que sí a la mitad seguimos hablando", suele decir soltando una carcajada.
Un tipo como tantos, nada más que apasionado lector. "Voy por el 1.030", me dijo esta misma semana cuando le propuse la charla.

La familia, la adolescencia.
Hijo de Emilio, dedicado a tareas agropecuarias, y de Graciela Bruschi, maestra jubilada, tiene dos hermanos, Florencia y Nicolás, y un tercero, Federico, fallecido en 1993. "Viví en Catriló hasta los 2 años, y desde entonces en una casa de la calle 25 de Mayo, donde supo estar el Obispado de Santa Rosa. Más tarde nos fuimos a vivir al barrio Fitte", precisa.
Fue a la Escuela 2 al principio, y después terminó en el Domingo Savio, igual que la secundaria. "En la primaria tuve asistencia perfecta, y en el secundario aunque ya leía mucho no era un traga. Un promedio de 7.50... bien, pero ahí", dice con modestia, aunque sí valora especialmente haber obtenido la medalla al mejor compañero que entregaba el Rotary Club. Un poco de deportes, fútbol en el colegio y en el club Estudiantes, y un poco más grande una incursión por el rugby.
Cuando adolescente las salidas a bares y boliches del centro, el gusto por el tango, un poco de folklore, y la lectura... "En folklore, cuando volví a Santa Rosa, me juntaba con Dieguito Jorge y Tomás Lorda para las peñas y guitarreadas", rememora.

Los estudios.
Cuando llegó el momento decidió instalarse en Buenos Aires para seguir Derecho. "Hice hasta tercer año y me volví, para retomar la carrera en la Universidad Nacional de La Pampa", cuenta. Paralelamente se interesó por todo lo que pasaba más allá del estudio propiamente dicho, y así estuvo en el Consejo Directivo de Ciencias Económicas y Jurídicas por el claustro alumnos, y dos años después pasó al Consejo Superior. Se interesó y se integró al Movimiento de Derechos Humanos en el 2001. "Militaba en lo que era la política universitaria", reflexiona.
Volvió a irse a Buenos Aires, "ya con 30 años, a estudiar Sociología y Filosofía, en la UBA. En 2010 empecé a militar en el Centro Estudios políticos de La Cámpora", dice en lo que sería su ingreso formal a la política partidaria. "Me volví de Buenos Aires cuando Luciano (Di Nápoli) asumió en la Cámara, y me desempeñé como secretario privado". Hoy está en Diputados, en Nació, trabajando con Luchy Alonso, referente del kirchnerismo, y La Cámpora en nuestra provincia. También, porque nunca dejará de estudiar, realiza una maestría sobre Criminología en la Universidad del Litoral, en Santa Fe. "Me gusta el derecho penal. pero también el constitucional, y el administrativo... lo que tiene que ver con el derecho público, no tanto el privado. Ahora mismo estoy dando clases en la Facultad aquí en Santa Rosa", señala.

Desde el D'Artagnan a los libros.
Es cordial en la charla, afable conversador que puede abordar todos los temas, porque no se quedó con eso de que el estudio, y sólo el estudio, es lo único importante en la vida. No se sumerge en un mundo irreal, o figurado que puede ofrecerle un buen texto, sino que además se interesa por la cosa cotidiana: le gusta el fútbol -tiene el defecto de ser de Boca (a pesar de haber leído tanto)-, como quedó dicho disfruta la música y las reuniones con amigos, y -agregan quienes lo conocen- que aunque no bebe demasiado lo fascina el gin-tonic. Y un dato: "Sí, es verdad lo que te dijeron. Recién a los 40 empecé a manejar, y saqué el carnet y todo... la verdad es que a esta altura no me tenían mucha fe", se ríe.
"¿Cómo empecé a leer? Cuando chico por supuesto con los textos escolares, pero también se me daba por las revistas de esos tiempos: El Tony, Fantasía, D' Artagnan, Nipur de Lagash... hasta que empecé a agarrar los libros... Ahora diría que estoy leyendo uno cada cuatro o cinco días: veo Derecho, Historia, Economía, pero también me gusta mucho la poesía, Idea Vilariño, Juan Gelman, Roberto Juarroz, Mario Benedetti, Gonzalo Rojas que es chileno. Pero sí, también leo diarios.... te diría que todos", agrega.
Bompadre cuenta que, en general, lee textos de papel... "Los libros que leí en soporte digital son sólo dos: uno de poesía de un ex combatiente de Malvinas, Gustavo Caso Rosendi, que se llama "Soldados"; y otro de un filósofo italiano Sandro Mezzadra, que se llama "Derecho de fuga. Migraciones, ciudadanía y globalización". Sólo leo en este formato cuando no los puedo conseguir editados en papel", explica. Y de alguna forma les da la razón a aquellos que sostienen que el libro de papel -y también los diarios-, no van a desaparecer nunca.

¿1.000 libros son muchos, o no tanto?
Es un tipo común, con el que está bueno entablar una charla, o una discusión, porque tiene argumentos -¡y vaya si los tiene!- para mantener firme sus convicciones. De novio con Débora Goedelmann, una joven de Villegas que está viviendo en Santa Rosa donde estudia derecho, Panqui cuenta que "en Buenos Aires me gustaba ir a la cancha de Boca, pero hoy casi no lo hago".
"¿Para que sirve leer tanto? No tengo una explicación... entiendo que te forma, que te da elementos, y conocimientos, para desarrollarte mejor. Para acompañar la vida haciendo lo que te gusta, para tener relaciones sanas con la gente, para ayudar cuando se puede".
Leer 1000 libros es una cifra significativa -estoy seguro que muchos lo hicieron-, pero en su caso la originalidad está dada en que los contó: "Sólo anoto los que abordo desde el prólogo hasta el índice o la bibliografía... así lo hago desde hace 20 años".
En la Redacción de LA ARENA, Alejandro Levintan reprocha que un intelectual se dedique a anotar la cantidad que leyó... "¿Qué le interesa más, el 908 o la calidad del libro? Yo debo haber leído 3.000, pero no llevo estadística", agrega. Y bueno, así es el Ale...

Como Sísifo.
De todos modos 1.000 es un número significativo, y por eso Panqui lo celebró con una fiesta, porque así lo había pactado con algunos amigos.
Es sabido que se publican por día más páginas que las que una persona puede leer, y por eso leer es una carrera que nunca se acaba. "Es como Sísifo con su piedra", resume Panqui. "Por eso no hay que perder el tiempo y leer todo lo que se pueda, desde que estás en la cola del banco hasta en el colectivo... A la mañana, a la tarde o a la noche, hay que buscar los momentos", concluye.

Los textos recomendados de un lector.
"Nací en una casa donde había muchos libros, y están los que considero imprescindibles... Pero mi preferido sigue siendo 'Los Miserables', de Víctor Hugo", razona Bompadre.
Dice también que es central "El concepto político" de Carl Schmitt, en tanto sigue mencionando textos y autores: desde "El Fedón" de Platón, "Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión" de Michel Foucault; y uno de los últimos que tuvo en sus manos "Voces de Chernobyl" de Svetlana Alexiévich.
Pero Panqui no se olvida de los lugareños: "Por supuesto tienen un lugar importante los de Edgar Morisoli, Ricardo Nervi, la poesía de Bustriazo, me gusta lo de Paty Redondo, Neri Rubio... y casi todos", abrevia.
Pero agrega otros: "Cuando muera quiero que me toquen cumbia" de Cristian Alarcón, que "es la historia de un pibe chorro fusilado por la Bonaerense, y al que sus seguidores le atribuyen, después de muerto, el milagro de torcer las balas de la policía. Uno más, a pesar de mis diferencias políticas es 'Amor y Anarquía. La vida urgente de Soledad Rosas', descendiente de don Juan Manuel".
Le pido a Bompadre una reflexión sobre el gobierno de Macri, y surge naturalmente la crítica. "Propuso la unidad de los argentinos y lo que vemos es despidos de trabajadores estatales por cuestiones ideológicas. Por otro lado en su discurso ante la Asamblea Legislativa se lo pasó criticando a un determinado sector político, al solo efecto de ganarse la simpatía de sus votantes más recalcitrantes, y no pareció un discurso de unión nacional, para nada. Habló de pobreza cero, y si esto sigue así no va a quedar ningún pobre", cierra.