Historia de un luchador

Alexis Acosta supo reponerse de los golpes más duros, y a los 27 años disfruta de su camino recorrido. Ciego desde los 16, transformó la tragedia en un desafío para cumplir sus sueños e ir por más.

A los 16 años sus "preocupaciones" eran jugar al fútbol, juntarse con los amigos, cazar y recorrer las calles de Catriló en busca de alguna aventura. La adolescencia le mostraba su mejor cara cuando, casi sin darse cuenta, todo se volvió oscuro. Un virus que le había traído problemas en la infancia reapareció y le quitó la vista para siempre.
"Fue algo muy duro, porque además al poco tiempo mi papá se enfermó de cáncer, y eso fue devastador. Me encerré por completo, no quería salir de mi casa ni que mis amigos ni compañeros de colegio me vinieran a ver, no quería hacer nada; y al tiempo mi papá murió. Fue un click para mí", recordó Alexis
Su historia, sus logros deportivos, su ejemplo y su perseverancia frente a todo, son conocidas por muchos ya que es uno de los atletas discapacitados más relevantes del país, una condición que lo llevó a disputar dos mundiales, dos parapanamericanos, decenas de campeonatos y quedar a la puerta de un Juego Paralímpico.
"Cuando mi papá falleció empecé a salir, a hacer cosas por él, y una de ellas fue retomar los estudios. Un sueño de él era que estuviera en la bandera y lo logré. Fui a la Escuela de Ciegos y aprendí el sistema Braille, me enseñaron orientación y movilidad y así aprendí a manejarme solo con mi bastón", explicó.
En esa escuela lo invitaron a probarse en la pista. "Yo siempre había jugado al fútbol, ni idea de atletismo, pero tenía velocidad, así que empecé a correr y enseguida me llevaron a un torneo en Mar del Plata. Estar ahí me ayudó mucho en la vida porque estuve con chicos con otras discapacidades, algunos a los que les faltaban las piernas o los brazos; y yo, salvo no ver, tengo todo, ¿entonces de qué iba a quejarme? Y empecé a asumir mi condición, me amigué con la palabra ciego. Hay otros que son gordos, flacos, altos o petisos. Yo soy ciego".
En 2009 sus performances atléticas lo llevaron, gracias al entrenador Javier Alvarez, a conseguir una beca e instalarse en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), en Buenos Aires. Dejó su Catriló de siempre y se fue a la gran ciudad, con varias peleas nuevas que afrontar.
"Quería estudiar Ingeniería Informática, y eso era un gran desafío porque tenía que manejarme en una ciudad tan grande. El primer día que entré a los pabellones de la Ciudad Universitaria de la UBA, tuve miedo porque todo era gigante y la cantidad de gente, impresionante, pero de a poco fui venciendo ese miedo. Me acostumbré a tomar el colectivo, a ir hasta el aula en un edificio que no estaba preparado para mi necesidad, igual que los profesores. Hice varias materias y las aprobé", resaltó Alexis.
Los resultados deportivos fueron cada vez mejores y, como ocurre en muchos casos, necesitó de más horas de entrenamiento. Dejó la exigencia de la UBA pero no los estudios, porque pasó a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y allí recibió los títulos de Técnico en PC y Técnico en red.

Y también llegó el amor, porque Rocío Duarte -que es vidente- trabajaba en la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (Fadec) y ahí surgió el flechazo. Desde el 29 de diciembre la familia se agrandó y hoy Luana ocupa el corazón, las sonrisas (y las horas de sueño) de los dos.
En medio de ese camino se acumularon los viajes ("siempre fue un sueño ir a distintos lugares", reconoció), a Estados Unidos, Nueva Zelanda, Francia o México, las medallas y los podios. También el orgullo de "sentir que tanto esfuerzo y sacrificio vale la pena", pero también las decepciones, como cuando una decisión dirigencial rebajó los cupos para la delegación y se quedó sin los Juegos Paralímpicos de Londres 2012.
"Ese día nos abrazamos entre los atletas y entrenadores y lloramos mucho. Fue algo muy triste, pero tras estar mal un tiempo me propuse alcanzar nuevas metas", indicó.
Alexis se hizo especialista en salto en largo, otro momento de aprendizaje y esfuerzo. "No fue fácil porque tuve que aprender a contar los pasos en la carrera y escuchar la voz de mi entrenador que me indica cuando saltar", detalló.
Buscar siempre sobreponerse a los golpes es una constante en su vida. Y para testimoniarlo existen distintos registros audiovisuales. Uno fue hecho por él mismo, "Alexis, una vida sin barreras", un corto que realizó en el último año del secundario, fue proyectado en cines de Buenos Aires y a cuyo estreno concurrieron el director de cine Juan José Campanella, el actor Diego Peretti, funcionarios y embajadores.
La proyección se hizo para difundir el cine en las escuelas y para que los alumnos se involucren en diferentes proyectos a nivel grupal y pueda disminuir la deserción escolar.

En 2012 también fue protagonista de las célebres charlas TED para jóvenes (se puede ver en Youtube) y en estos días se acaba de estrenar "Antes que vuelva a caer", un excelente video del grupo de rock Eruca Sativa que cuenta la historia de Alexis y que en pocos días superó las 30 mil visitas.
"Todos tenemos problemas y no hay que ahogarse en ellos, hay que poner mucha voluntad, mucho esfuerzo y mucha garra; mirar para adelante. Y si miramos para atrás es para ver esos errores y no chocar otra vez con la misma piedra. Aprendí que la vida nos enseña y los golpes nos fortalecen, siempre. Eso es lo que puedo decir".

Agenda completa
En estos días Alexis entrena duro en la pista del Cenard para dos competencias importantes que se vienen: el Paranamericano en Toronto (Canadá), que se hará durante este año, y también su tercer mundial, que será en Qatar en 2015 y en el que intentará superar sus marcas y obtener nuevos podios y medallas. Todo sin dejar de mirar de reojo su gran sueño, un Juego Paralímpico. "También quiero ir a Catriló y visitar a mis familiares y amigos. Allá dejé muchos recuerdos lindos", reconoció.